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martes, 11 de noviembre de 2014

Cartas al editor de The New York Times apoyan intercambio de prisioneros entre Cuba y Estados Unidos

Dos cartas al Editor del diario norteamericano The New York Times apoyando el editorial de ese medio de comunicación que pidió días atrás un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Cuba, el cual abriera cauce a una nueva relación bilateral, fueron publicadas el jueves. Reconocidos juristas e investigadores estadounidenses son los autores de estas misivas que Cubadebate reproduce para sus lectores.
Cartas el Editor de The New York Times

Los Prisioneros cubanos y el norteamericano

NOV. 6, 2014

Al Editor:
 
Su editorial del 3 de noviembre “A Prisoner Swap With Cuba” presentó una razonable solución al mayor obstáculo para normalizar las relaciones de Estados Unidos con Cuba, pero no mencionó algunos aspectos claves.


Más allá de las referencias a los “espías cubanos convictos” que Cuba quiere de regreso después de haber permanecido más de 16 años en prisiones norteamericanas, el juicio de 7 meses de estos reconocidos agentes cubanos no incluyó evidencias de que ellos hayan obtenido ninguna información clasificada.

Con creces, la version cubana de que su misión primaria era monitorear y prevenir los planes terroristas de los exiliados en Miami contra Cuba, es apoyada por la evidencia, incluyendo el libro de investigación del periodista canadiense Stephen Kimber, “What Lies Across the Water”. Ninguno de los cinco hombres fueron acusados del cargo de espionaje (dado que ellos no tenían información clasificada), aunque el jurado de Miami los declaró culpables de una “conspiración” cometer espionaje.

Ellos monitorearon a figuras como Orlando Bosch, quien recibió protección en los Estados Unidos por más de 20 años hasta su muerte en el 2011, a pesar de ser “resuelto e invariable en su vocación a la violencia terrorista”, de acuerdo con Joe Whitley, un Vice Fiscal General y luego consejero general del Departamento de Seguridad Interna. Y actualmente, un terrorista de carrera, Luis Posada Carriles, está aún protegido por los Estados Unidos en Miami.

ART HEITZER
Milwaukee, Nov. 3, 2014


El autor es Presidente del subcomité Cuba del National Lawyers Guild (Colegio Nacional de Abogados).


Al Editor:

Su persuasivo argumento para intercambiar una subcontratista de USAID, Alan Gross, por 3 espías cubanos que han cumplido más de 16 años en prisiones de Estados Unidos carece de un componente crucial: el precedente historico para tal tipo de intercambio.

Dos ejemplos de intercambios de prisioneros entre Estados Unidos y Cuba son particularmente relevantes. En 1963, el Presidente John F. Kennedy liberó a un cubano convicto por haberle disparado y matado accidentalmente a una niña de 9 años y liberó a otros tres cubanos que habían sido arrestados por cargos de conspiración para cometer actos de sabotaje en Nueva York.

A cambio, Cuba liberó inmediatamente a dos docenas de ciudadanos norteamericanos presos en cárceles cubanas por cargos de actividades contrarrevolucionarias; entre ellos tres miembros de un team de la CIA capturados cuando estaban plantando aparatos para la escucha en un edificio de La Habana.

En septiembre de 1979, el Presidente Jimmy Carter aceptó una recomendación del Departamento de Justicia de otorgar clemencia y liberar a tres nacionalistas puertorriqueños, incluyendo Lolita Lebron, quienes habían sido declarados culpables de abrir fuego en el pleno del Congreso, hiriendo a cinco legisladores. Como parte de un no declarado “intercambio humanitario” negociado detrás de escena, 11 días después Fidel Castro liberó a cuatro agentes de la CIA.

En esos tiempos, estos dos intercambios fueron políticamente controversiales, requirieron de determinación y tenacidad presidencial. Pero, como el presidente Obama puede notar, ellos avanzaron intereses nacionales de los Estados Unidos y retornaron a los norteamericanos presos a sus familias.
WILLIAM M. LEOGRANDE
PETER KORNBLUH
Washington, Nov. 4, 2014



Los escritores son coautores del libro “Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana.”
(Traducción al español de Cubadebate)

jueves, 6 de noviembre de 2014

The New York Times rompe el bloqueo mediático


Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

En mí artículo que aparece en la Nueva Réplica actualmente circulando reproché al New York Times que no hubiese planteado el caso de Gerardo, Ramón y Antonio en su Editorial del pasado octubre en el que se pronunció por la eliminación del bloqueo norteamericano contra Cuba.

 Cuando lo escribí no imaginaba que con ese documento el diario neoyorquino iniciaba un importante debate, que dura ya un mes, e incluye varios editoriales abogando por un cambio sustancial en las relaciones entre ambos países. El más reciente del domingo 2 de noviembre, propone que los tres sean liberados a cambio de que Cuba por razones humanitarias ponga en libertad a Allan Gross sancionado aquí por participar en actividades ilegales destinadas a derrocar al Gobierno revolucionario.

 Se trata de una posición justa y razonable. Tiene razón el periódico cuando define la liberación de los tres Héroes cubanos como un paso indispensable para avanzar hacia la convivencia civilizada entre dos países que son y serán siempre vecinos.

 Debería agregarse a los argumentos del Times que ninguno de los Cinco fue acusado de realizar espionaje y por tanto no eran “espías”. Como se demostró en el juicio de Miami ninguno de ellos accedió o buscó informaciones secretas relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos. 

Tampoco recibieron orientaciones para buscar ese tipo de informaciones. Así lo reconoció, bajo juramento, el General James R. Clapper quien fue testigo del Gobierno y cuyo testimonio aparece entre las páginas 13089 a 13235 de las Actas Oficiales del Tribunal. Es el mismo Clapper que hoy es el Director Nacional de Inteligencia de la Administración Obama.

 También es necesario recordar que la misión de los Cinco era tratar de frustrar los planes terroristas contra Cuba que más de una vez han causado muerte y daños también a personas residentes en Estados Unidos.

 Pero, en todo caso, este Editorial del New York Times debe ser saludado como un hecho de importancia trascendental. El muro de silencio que rodeaba el caso de los Cinco ha recibido un golpe demoledor que ojalá sea definitivo.

Publicado en Democracy Cuba
Montaje fotográfico RCBáez

lunes, 3 de noviembre de 2014

New York Times hace llamado para "Un canje de presos con Cuba"

Comité Nacional EEUU por la Libertad de los Cinco Cubanos
 
 
En un editorial publicado en The New York Times, de lunes, 3 de nov. 3, 2014, inglés y español (en el sitio web de domingo), el Comité Editorial hace un llamado para un canje de presos, entre los tres miembros de los Cinco Cubanos todavía encarcelados en EEUU, y Alan Gross, encarcelado en Cuba.
Esto es un importante desarrollo. El editorial comenta que conmutar la sentencia de los Cinco "sería justificable si se tiene en consideración el largo periodo que han estado presos, las críticas válidas que han surgido respecto a la integridad del proceso judicial que enfrentaron, y los posibles beneficios que un canje podría representar para lograr un acercamiento bilateral." Urgen una resolución rápida para Alan Gross a través de un canje humanitario.
El artículo detalla el caso de Gerardo Hernández, y la opinión disidente de la jueza federal Phyllis Kravitch, que insistió que la fiscalía del gobierno "no tenía fundamentos" para condenar a Gerardo por el cargo de conspiración para cometer asesinato. Ella formó parte del panel de 3 jueces de apelaciones que revocó las condenas de los Cinco en 2005. Los casos de Gerardo y de Ramón Labañino y Antonio Guerrero están en apelación activa de Habeas Corpus. (La importancia del proceso de apelaciones por Andrés Gómez).
Urgimos a todas las personas a publicar este editorial del New York Times, como señal del movimiento creciente por la libertad de los Cinco, y un avance en la visibilidad mediática de su caso y lucha. Aunque todos los elementos no fueron incluidos, por ejemplo la misión anti-terrorista de los Cinco, no obstante, es un desarrollo importante.
Y más importante, tenemos que seguir organizando, organizando, organizando para esta gran batalla por la liberación de Gerardo, Ramón y Antonio!
TAMBIEN lean el afidávit de Gerardo Hernández (español y inglés) de marzo, 2011, parte de su apelación Habeas Corpus, detallando los datos de su inocencia en el falso cargo de conspiración para cometer asesinato. Es importante explicar la verdad de la misión de los Cinco. No eran espías conspirando contra los EEUU, estaban trabajando para detener los ataques terroristas contra Cuba. Deben ser liberados inmediatamente! 
 

THE NEW YORK TIMES
Un canje de presos con Cuba 
El Comité Editorial, Nov. 2, 2014 
Hace casi cinco años, las autoridades en Cuba detuvieron a Alan Gross, un subcontratista del gobierno estadounidense que estaba trabajando en un sigiloso proyecto para expandir el acceso a Internet en la isla. Aunque un creciente número de líderes en Washington y La Habana parecen estar ansiosos por comenzar a normalizar la relación entre los países, el caso de Gross se ha convertido en el principal obstáculo para lograr un avance diplomático.

Solo hay una manera viable de retirar a Gross de una ecuación suficientemente compleja. La administración Obama debe canjearlo por tres espías cubanos que llevan más de 16 años tras las rejas en Estados Unidos.

En la Casa Blanca, la posibilidad de un intercambio de presos con La Habana genera ansiedad, debido a las críticas que surgieron en mayo, cuando Estados Unidos negoció la liberación de un soldado secuestrado en Afganistán a cambio de cinco líderes del movimiento Talibán. El gobierno estadounidense, sensatamente, suele rehusarse a negociar con terroristas o gobiernos que detienen a sus ciudadanos en busca de dinero o concesiones políticas. En circunstancias excepcionales, vale la pena hacerlo. El caso de Gross es una de ellas.

Gross viajó a La Habana cinco veces en 2009, bajo la dirección de Development Alternatives Inc., que tenía un contrato con la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. Fingiendo ser turista, transportó furtivamente equipos de comunicación como parte de una iniciativa para proveerles a más cubanos acceso al Internet. El Gobierno cubano, que lleva años protestando los proyectos encubiertos para promover reformas democráticas en la isla, condenó a Gross en 2011 a 15 años de prisión por actos que atentan contra la integridad del Estado.

Durante los primeros meses de su detención, funcionarios en la isla sugirieron que estarían dispuestos a liberar a Gross si Washington suspendía los proyectos cuyo fin es destituir al actual Gobierno cubano. Esas negociaciones no prosperaron, y la postura de la isla se ha endurecido. Funcionarios norteamericanos han concluido que para lograr la libertad de Gross, es necesario repatriar a tres espías cubanos que fueron condenados en un juzgado federal en Miami, en 2001.

Para efectuar un canje, el Presidente Obama tendría que suspender el resto de la condena de los reos. Esa acción sería justificable si se tiene en consideración el largo periodo que han estado presos, las críticas válidas que han surgido respecto a la integridad del proceso judicial que enfrentaron, y los posibles beneficios que un canje podría representar para lograr un acercamiento bilateral.

El espía que más le importa al Gobierno cubano, Gerardo Hernández, fue condenado a cadena perpetua. Hernández, el líder de la Red Avispa, una agrupación que infiltró grupos de exiliados cubanoamericanos en el sur de Florida durante la década de años noventa, fue hallado culpable de conspiración para cometer asesinato. La fiscalía acusó a Hernández de conspirar con autoridades en La Habana para derribar aviones operados por un grupo de exiliados que solían repartir folletos sobre la isla, incitando a una revolución contra el gobierno. A sus cuatro asociados se les declaró culpables de delitos no violentos. Dos han regresado a Cuba, y los otros dos van a ser liberados relativamente pronto.

Un panel de tres jueces del Juzgado de Apelación del Distrito 11 revocó los fallos en agosto de 2005, habiendo determinado que un conjunto de factores impidieron que los acusados tuvieran un proceso justo. Los jueces establecieron que, en vista de la enorme hostilidad contra el gobierno cubano en Miami, y de cobertura periodística vilipendiando a los espías, el jurado no podía ser imparcial. Al revisar el caso posteriormente, todos los jueces de la corte de apelación dieron revés a ese fallo y restituyeron los veredictos. Sin embargo, jueces de esa corte señalaron otras deficiencias en el proceso judicial, que llevaron a una reducción en la condena de tres de los presos. La jueza Phyllis Kravitch escribió una opinión disidente, argumentando que la acusación de conspiración para cometer asesinato imputada contra Hernández no tenía fundamentos. Los fiscales, según la jueza, no establecieron que Hernández, quien le proveyó a La Habana información sobre los vuelos, había acordado con autoridades en la isla que los aviones serían derribados sobre espacio aéreo internacional. Si los aviones hubieran sido derribados sobre espacio aéreo cubano, el acto no habría constituido un delito bajo la ley de Estados Unidos.

El regreso de Hernández a la isla es una prioridad primordial para el Presidente de Cuba, Raúl Castro. Los líderes cubanos han celebrado a los presos como héroes y han protestado que el proceso legal fue injurioso. Entidades independientes, incluido un panel de Naciones Unidas que evalúa detenciones arbitrarias, y Amnistía Internacional, han sido críticas del proceso judicial. La percepción del caso en Cuba, donde los espías son vistos como víctimas, desafortunadamente ha incentivado a que el gobierno de la isla trate a Gross como una pieza canjeable.

A través de los años, funcionarios estadounidenses han dicho que no están dispuestos a intercambiar a los espías por Gross, dado que alegan que los casos no son equivalentes.

Sin embargo, un canje podría abrir el camino para reanudar lazos diplomáticos, lo cual permitiría que Estados Unidos tuviera mayores oportunidades de fomentar cambios positivos en la isla mediante la expansión de comercio, turismo y mayor contacto entre cubanos y norteamericanos. De lo contrario, se perpetuará la enemistad que ha reinado durante más de 50 años, continuando así un ciclo de desconfianza y actos de sabotaje por ambos lados.

Más allá de los méritos estratégicos de un canje, la administración tiene un deber de hacer más por lograr la liberación de Gross. Su arresto se llevó a cabo como consecuencia de una estrategia irresponsable, mediante la cual la agencia de ayuda internacional estadounidense ha enviado a contratistas privados para llevar a cabo misiones secretas en un estado policial que está rotundamente opuesto a la agenda pro-democrática de Washington.

Gross ha bajado más de 45 kilos de peso durante su detención. Está perdiendo la vista en el ojo derecho. Tiene dolencias en las caderas. En junio, su madre falleció. En mayo, luego de cumplir 65 años, Gross dijo que este año será el último que pasa en cautiverio, amenazando estar dispuesto a quitarse la vida si no recobra la libertad. Sus seres queridos han tomado sus palabras literalmente, considerándolas como una advertencia de un hombre desesperado. Si Gross muere estando en custodia, la posibilidad de establecer una relación más saludable con Cuba desaparecerá por varios años. Obama tiene que reconocer que esto es enteramente evitable, pero hay que actuar pronto.

Imagen agregada RCBáez

Mijo, yo sé que eres tú


Gerardo Hernández y Carmen Nordelo
Nyliam Vázquez García.― Un día a Carmen comenzaron a borrársele los recuerdos. Fueron tiempos difíciles para la familia y aún más para el hijo que le faltaba a su regazo. Tan lejos, él no podía hacer lo que más ansiaba: llevarla al médico, buscar sus medicinas, acompañarla, velar su sueño… no sé. Peor aún, esa nueva circunstancia le negó, desde unos años antes, la visita de su vieja. Ella ya no pudo cerrar las puertas del hogar en Arroyo Naranjo, La Habana, cruzar el océano, desandar carreteras para llegar a la prisión de máxima seguridad en Victorville, California.

¿Cuánto atormenta el dolor de una madre? ¿Cuánto pesa el sufrimiento de un hijo? Han pasado cinco años desde que Gerardo Hernández Nordelo recibió en prisión la fatal noticia. Su Mamucha no había aguantado. Él no pudo despedirse y todavía a la tumba de Carmen Nordelo le faltan las flores de su hijo y esas palabras que él habrá de decirle allí donde debió estar aquel 2 de noviembre.

Uno puede adivinar la lucha silenciosa de una mujer, de una madre, por no perder la batalla, por no faltarle a su muchacho. Ahora Mirta, la madre de Antonio Guerrero, nos da todos los días una lección de lo que solo pueden hacer ellas. Seguro Carmen se aferró a esa fuerza vital materna para guardar lo más cierto de su vida: sus hijos y él, quien más la necesitaba. Para el libro Retrato de una ausencia, Adriana contó que en momentos en que su suegra no reconocía a nadie, la voz de su niño siempre fue un bálsamo.

 Él le hablaba con toda ternura, quizá le contaba algún chiste y seguro le repetía mil veces que estaba entero, que no se preocupara. La única señal de que ella sabía a quién pertenecía esa voz llegada a través del teléfono era la lágrima caprichosa que le surcaba el rostro. Esa, su forma de decir, ya sin poder hablar: «Mijo, yo sé que eres tú».

¡Cuánto habría dado Carmen por ver a Gerardo libre, junto a la mujer que ama, rodeado de sus sobrinos, en familia! ¡Cuánto habría dado Gerardo por abrazar a su madre aunque fuera una vez más…!

Cualquiera, más allá de argumentos legales, podría entender tal dolor alojado en el pecho. Quizá, también, podría quedar rendido ante la valentía del hijo de Carmen. Cuando a la prisión solo le llegaban malas noticias del deterioro de la salud de su madre, a él le preocupaba la noticia, el momento en que fuera definitivo que ya no pudiera dar el abrazo final. «Quería que fuera Adriana o alguien de su familia quien le contara, y no los guardias de la prisión», recordó Alicia Jrapko hace poco en un diálogo con JR. No quería darles a sus carceleros el gusto de verlo triste o abatido. Ese día, hace cinco años atrás, fue una jornada aparentemente normal en Victorville, pero en el pecho de un prisionero había un motín.

Con el alma deshecha, Gerardo hizo lo impuesto por la rutina de una cárcel sin que nadie supiera que su mundo se movía bajo sus pies, que en La Habana se despedía a Carmen y que su presencia hacía falta en el reparto Alcázar para llorar unidos.
¡Cuánto habrá añorado su hermana Chabela los brazos de ese muchacho, cuánto le habrá apretado el pecho a su Adriana pensar en todos los sentimientos que estaba experimentado su esposo el día de la muerte de su madre…!

Han pasado cinco años y seguramente cada nuevo noviembre se agolpan los recuerdos. Vuelve la ansiedad. Gerardo tiene una deuda. Entre las muchas cosas que tendrá pendiente, está ese diálogo silente e íntimo con su vieja y esas flores germinadas en sus manos que aún le faltan a la tumba de Carmen. Pero para que Gerardo cumpla, para que viva lo que debe vivir, para que no le falte más a su familia, a su esposa, hay que traerlo a casa, hay que seguir en la batalla por el regreso de esos hombres que han pasado 16 años tras rejas que no les corresponden.

Cuando logremos que Gerardo esté aquí, con sus flores para Carmen, tal vez con el rostro surcado de humedad, Cuba entera sabrá que no habrá madres más felices, ni en el cielo ni en la tierra, que las madres de los Cinco, mientras las hojas de los frondosos árboles del camposanto le devuelvan un susurro: «Mijo, yo sé que eres tú».
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domingo, 2 de noviembre de 2014

Editorial de The New York Times pide canje de presos entre EEUU y Cuba


the new york times
Solo hay una manera viable de retirar a (Alan) Gross de una ecuación suficientemente compleja (con Cuba), afirma este lunes un nuevo editorial de la edición impresa del diario norteamericano The New York Times: La administración Obama debe canjearlo por los tres cubanos que llevan más de 16 años tras las rejas en Estados Unidos.

El diario, que en octubre publicó tres editoriales a favor de la normalización de las relaciones entre Cuba y EEUU, reconoció que  ”hace casi cinco años, las autoridades en Cuba detuvieron a Alan Gross, un subcontratista del gobierno estadounidense que estaba trabajando en un sigiloso proyecto” para extender una red ilegal en la Isla.
“Aunque un creciente número de líderes en Washington y La Habana parecen estar ansiosos por comenzar a normalizar la relación entre los países, el caso de Gross se ha convertido en el principal obstáculo para lograr un avance diplomático”, asegura el diario en el editorial que se publicó simultáneamente en inglés y español, y se adelantó en la edición digital en la noche de este domingo.
Añade que “en la Casa Blanca, la posibilidad de un intercambio de presos con La Habana genera ansiedad, debido a las críticas que surgieron en mayo, cuando Estados Unidos negoció la liberación de un soldado secuestrado en Afganistán a cambio de cinco líderes del movimiento Talibán”. 

Sin embargo, el diario reafirma que “en circunstancias excepcionales, vale la pena hacerlo. El caso de Gross es una de ellas”.

Gross viajó a La Habana cinco veces en 2009, bajo la dirección de Development Alternatives Inc., que tenía un contrato con la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. Fingiendo ser turista, transportó furtivamente equipos de comunicación, añade el rotativo.

“El Gobierno cubano, que lleva años protestando los proyectos encubiertos para promover reformas democráticas en la isla, condenó a Gross en 2011 a 15 años de prisión por actos que atentan contra la integridad del Estado”, dice.

Reconoce que “durante los primeros meses de su detención, funcionarios en la isla sugirieron que estarían dispuestos a liberar a Gross si Washington suspendía los proyectos cuyo fin es destituir al actual Gobierno cubano. Esas negociaciones no prosperaron”.

The New York Times asegura categóricamente que funcionarios norteamericanos han concluido que para lograr la libertad de Gross, es necesario repatriar a los tres agentes cubanos que fueron condenados en un juzgado federal en Miami, en 2001.

Sugiere que “para efectuar un canje, el Presidente Obama tendría que suspender el resto de la condena de los reos. Esa acción sería justificable si se tiene en consideración el largo periodo que han estado presos, las críticas válidas que han surgido respecto a la integridad del proceso judicial que enfrentaron, y los posibles beneficios que un canje podría representar para lograr un acercamiento bilateral”.

El diario asegura que preso que más le importa al Gobierno cubano, Gerardo Hernández, “fue condenado a cadena perpetua. Hernández, el líder de la Red Avispa, una agrupación que infiltró grupos de exiliados cubanoamericanos en el sur de Florida durante la década de años noventa, fue hallado culpable de conspiración para cometer asesinato. La fiscalía acusó a Hernández de conspirar con autoridades en La Habana para derribar aviones operados por un grupo de exiliados que solían repartir folletos sobre la isla, incitando a una revolución contra el gobierno. A sus cuatro asociados se les declaró culpables de delitos no violentos. Dos han regresado a Cuba, y los otros dos van a ser liberados relativamente pronto”.
Añade del The New York Times:

Un panel de tres jueces del Juzgado de Apelación del Distrito 11 revocó los fallos en agosto de 2005, habiendo determinado que un conjunto de factores impidieron que los acusados tuvieran un proceso justo. Los jueces establecieron que, en vista de la enorme hostilidad contra el gobierno cubano en Miami, y de cobertura periodística vilipendiando a los espías, el jurado no podía ser imparcial. Al revisar el caso posteriormente, todos los jueces de la corte de apelación dieron revés a ese fallo y restituyeron los veredictos. Sin embargo, jueces de esa corte señalaron otras deficiencias en el proceso judicial, que llevaron a una reducción en la condena de tres de los presos. La jueza Phyllis Kravitch escribió una opinión disidente, argumentando que la acusación de conspiración para cometer asesinato imputada contra Hernández no tenía fundamentos. Los fiscales, según la jueza, no establecieron que Hernández, quien le proveyó a La Habana información sobre los vuelos, había acordado con autoridades en la isla que los aviones serían derribados sobre espacio aéreo internacional. Si los aviones hubieran sido derribados sobre espacio aéreo cubano, el acto no habría constituido un delito bajo la ley de Estados Unidos.
El regreso de Hernández a la isla es una prioridad primordial para el Presidente de Cuba, Raúl Castro. Los líderes cubanos han celebrado a los presos como héroes y han protestado que el proceso legal fue injurioso. Entidades independientes, incluido un panel de Naciones Unidas que evalúa detenciones arbitrarias, y Amnistía Internacional, han sido críticas del proceso judicial.

El diario reconoce que a través de los años, funcionarios estadounidenses han dicho que no están dispuestos a intercambiar a los cubanos por Gross, dado que alegan que los casos no son equivalentes.

“Sin embargo, un canje podría abrir el camino para reanudar lazos diplomáticos, lo cual permitiría que Estados Unidos tuviera mayores oportunidades de fomentar cambios positivos en la isla mediante la expansión de comercio, turismo y mayor contacto entre cubanos y norteamericanos. De lo contrario, se perpetuará la enemistad que ha reinado durante más de 50 años, continuando así un ciclo de desconfianza y actos de sabotaje por ambos lados”, asegura.

Y remata: “Más allá de los méritos estratégicos de un canje, la administración tiene un deber de hacer más por lograr la liberación de Gross. Su arresto se llevó a cabo como consecuencia de una estrategia irresponsable.

El diario asegura que Gross ha bajado más de 45 kilos de peso durante su detención. Está perdiendo la vista en el ojo derecho. Tiene dolencias en las caderas. En junio, su madre falleció. En mayo, luego de cumplir 65 años, Gross dijo que este año será el último que pasa en cautiverio, amenazando estar dispuesto a quitarse la vida si no recobra la libertad. Sus seres queridos han tomado sus palabras literalmente, considerándolas como una advertencia de un hombre desesperado.

“Si Gross muere estando en custodia, la posibilidad de establecer una relación más saludable con Cuba desaparecerá por varios años. Obama tiene que reconocer que esto es enteramente evitable, pero hay que actuar pronto”, concluye.

jueves, 29 de marzo de 2012

Burson-Marsteller, Alan Gross y la luz al final del túnel

Por Machetera 
Translated by  Manuel Talens



La lección en la Salpêtrière
 (1887), de Pierre-André Brouillet (1857 - 1914).
La Salpêtrière es un legendario hospital de París, construido en el siglo XVII, que fue cuna de las neurociencias por haber alojado a grandes maestros de la medicina como Charcot, Babinski y Freud. En este famoso cuadro de Pierre-André Brouillet se observa al médico francés Jean-Martin Charcot con sus alumnos durante una sesión clínico-docente en la que les explica cómo llegar al diagnóstico de un ataque de histeria en una enferma cuyo nombre ha pasado a los anales de la medicina: Blanche Wittman.

La escena es inequívocamente sexista: un tropel de hombres deciden cómo tratar a una mujer de una enfermedad que ya desde la etimología apesta a sexismo. Por el simple hecho de haber nacido mujer, Blanche Wittman está a la merced de sus decisiones. Las dos monjas que asisten a Blanche son meras espectadoras sin voz. Ellos “saben”, ellas no.
Ciento veinticinco años después, la intrahistoria de este cuadro venerable recuerda mucho a la de Judy Gross, la esposa del contratista de la USAID encarcelado en Cuba. El viejo paternalismo ancestral sigue vivo y tanto el New York Times como el Washington Post acaban de demostrarlo con una estúpida campaña mediática cuyo objetivo es presionar al papa Benedicto XVI para que éste aconseje a Cuba que trueque a René González por Alan Gross. Aconsejar a Cuba, como si fuese un niño rebelde y no un país soberano, es ya una ofensa inaceptable, pero el consejo que Judy Gross está recibiendo no le va a la zaga: en vez de tratarla como un sujeto activo, capaz de articular su destino, la campaña que pretende traer a su marido de vuelta al hogar está dirigida por gente cuyas prioridades son muy distintas a las de esta mujer.
Sin embargo, un detalle imprevisto ha alterado ligeramente la campaña y ha sido la revelación que hace unos días hizo el periodista Paul Berger en el Jewish Daily Forward, según la cual la agencia de relaciones públicas Burson-Marsteller está detrás del cambalache. El Washington Post ha admitido la veracidad de la noticia, pero cabe preguntarse si lo habría hecho en caso de que Paul Berger no hubiese tirado de la manta.
Un editorial del New York Times seguido de un reportaje del Washington Post  promocionando la “solución” papal no son cosas que suceden por casualidad. Al principio pensé que quien estaba detrás de esto era el Departamento de Estado, pero ese tipo de cabildeo habría sido indecoroso. Lo que sucedió en realidad fue que Hillary Clinton entregó una lista detallada de lo que quería en la campaña a su buen amigo Don Baer, que no sólo es vicepresidente de Burson-Marsteller, sino que además fue quien le escribía los discursos a Bill Clinton; Baer, por su parte, se la pasó a Mark Penn, que es el director ejecutivo de Burson-Marsteller, el mismo que diseñó la torpe estrategia de su campaña presidencial en 2008). A partir de ese momento, voilà, la maquinaria de los dos periódicos (y de algunos más) se puso en marcha para promocionar el canje de González por Gross con la ayuda papal.
René González es el primero de los Cinco Héroes cubanos que ha salido de la cárcel tras cumplir la pena máxima por no haberse registrado como agente extranjero, no por “espionaje”, que es lo que falsamente afirmó el Washington Post. Son dos cargos muy distintos, pero ya me ocuparé otro día de diseccionar ese artículo del Post.
René está ahora en Florida en libertad condicional, mientras que diez rusos que fueron detenidos hace un par de años bajo la acusación de ser agentes extranjeros no registrados –el mismo delito que a él, por el momento, ya le ha costado trece años de su vida– fueron deportados a Rusia sin más problemas. Está claro que si a alguien le echan el guante en Miami como agente extranjero no registrado es muchísimo peor que si sucede en Nueva Jersey, sobre todo si se trata de un cubano.
En cambio, el yanqui Alan Gross apenas ha cumplido dos años de los quince que habrá de pasar en una cárcel de Cuba por haber tratado de instalar una red clandestina de internet en violación de las leyes cubanas. Por mucho que Burson-Marsteller insista en su campaña mediática, el de Gross no fue un proyecto “humanitario”. Eso es la tapadera. Los judíos de Cuba ya tenían acceso a internet y no lo necesitaban a él.
Es evidente que la oferta que están publicitando, la de entregar a un hombre casi libre a cambio de otro que aún deberá pasar más de una década en prisión puede funcionar bastante bien como táctica dilatoria, pero como estrategia de negociación no tiene ni pies ni cabeza. Como bien ha señalado Walter Lippmann, que algo sabe de Cuba, “Israel canjea a miles de palestinos por un soldado israelí; Washington canjeó a diez rusos detenidos aquí por cuatro rusos capturados allá por espiar para nosotros. ¿Por qué no puede hacer lo mismo Washington: “Os doy a vuestros cinco cubanos si me devolvéis a mi contratista”? El problema, claro está, es que Hillary Clinton no es del mismo parecer y, al día de hoy, tiene la sartén por el mango.
Lo que Berger afirmó en el Jewish Daily Forward es que las críticas que Judy Gross ha lanzado contra Obama y la política de Washington hacia Cuba forman parte de una nueva estrategia que “coincide” con la entrada en el juego de Burson-Marsteller. Vale, tal vez sea sólo una coincidencia, pero estoy bastante segura de que el guión con las instrucciones a seguir que Don Baer le entregó a Judy no pretendía eso, ya que incluso si formase parte de una extraña estrategia a contracorriente, ¿hasta dónde podrían llegar tales críticas si Baer es quien se ocupa de Hillary Clinton, que no dejará de estar a las órdenes de Obama hasta que se enfrente a Jeb Bush por la presidencia en 2016?
No tengo información privilegiada, pero estoy dispuesta a apostar que la bien fundada diatriba de Judy Gross contra Obama fue el típico caso de la cliente sumisa que de pronto se salta el guión preestablecido y se pone a decir abiertamente lo que piensa. No sería la primera vez que sucede una cosa así.
Por extraño que parezca, creo que esa “insubordinación” nos permite ver un diminuto rayo de luz al final del túnel. Clinton, Penn, Baer y Burson-Marsteller han diseñado un escenario miserabilista de la familia Gross destinado a despertar la piedad del electorado: son pobres víctimas, judíos de buena voluntad que sufren persecución de las fuerzas del mal por hacer el bien y que ahora dependen del milagro de un Papa católico. Esta campaña mediática es una tomadura de pelo para entretener al matrimonio Gross hasta que pasen las próximas elecciones presidenciales. ¿A qué persona con dos dedos de frente se le ocurría decir que el Papa es la última esperanza de esta mujer?



Alan y Judy Gross
Hay otras opciones, por supuesto, pero la peor que puede adoptar la esposa de Alan Gross es ser obediente para que las cosas les vayan viento en popa a Obama y Clinton en su campaña presidencial. Otra opción sería combinar la presión mediática sobre Washington con alguna ayuda adicional de los medios y grupos sociales y de alianzas inteligentes, pero a ninguna agencia de relaciones públicas que esté al servicio de Hillary Clinton le interesa.
De hecho, mientras Burson-Marsteller siga manipulando este espectáculo mediático las dos partes en litigio seguirán enzarzadas en un diálogo de sordos. Quizá la única manera de dirimir este problema podría consistir en colmar la distancia que separa a los familiares y amigos y de Alan Gross de los familiares y amigos (que son millones en la comunidad internacional) de los Cinco Héroes cubanos. Y puede que eso esté empezando a ocurrir.
Con milagrosa precisión, el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Cubanos ha programado varios días de actividades en Washington, que se celebrarán dentro de pocas semanas (los días 17 a 21 de abril) con la participación de una larga lista de estrellas invitadas. Sería una tragedia si al menos unas cuantas personas del bando de los Gross no se escapasen de sus cancerberos de Burson-Marsteller para darse una vuelta por allí.
Una de las estrellas que asistirán es Stephen Kimber. El propio Kimber me ha proporcionado amablemente un manuscrito de su libro todavía inédito, What Lies Across the Water [Lo que hay en la otra orilla], una magnífica, meticulosa, honrada e imparcial investigación sobre el caso de los Cinco Héroes cubanos. Quien desee conocer exactamente qué estaban haciendo en Miami y la posterior tragedia de sus injustas condenas y encarcelamiento disponen en este libro de la información definitiva. Ojalá se hubiese publicado hace diez años. Si los Gross buscan un libro que de verdad los ayude a encontrar una solución para su tragedia, éste es.
Y Cindy Sheehan también irá. ¡Un auténtico lujo! La verdad es que si Judy Gross no se presenta en Washington para hablar con Cindy, que escribió el libro sobre cómo presionar a un presidente, no me quedará más remedio que concluir que la gente de Burson-Marsteller la habrá secuestrado para impedírselo.

Por último, habrá un piquete y una manifestación frente a la Casa Blanca. Permítaseme sugerir que si el bando de los Gross aprovechase esa oportunidad única que se le presenta de manifestarse junto al grupo de los Cinco Héroes cubanos, sería un bombazo irresistible, el sueño hecho realidad de cualquier ejecutivo –inteligente, eso sí– de relaciones públicas. Y la prensa caería rendida ante la prueba palpable de que algo está cambiando. Por cierto, ni Clinton ni Penn ni Baer ni Burson-Marsteller estarían de acuerdo con algo así… lo cual es una razón de más para que Judy Gross abandone el papel de Blanche Wittman que le han atribuido y dé un paso al frente.


Enviado por su autora

lunes, 7 de noviembre de 2011

Por Jean-Guy Allard Alan Gross, el contratista norteamericano de la USAID preso en Cuba por haber introducido ilegalmente en la Isla equipos de comunicación satelital de última generación, considera que EEUU pudiera canjearlo con los cinco cubanos detenidos en este país, de la misma forma que Israel canjeo hace poco al israelí Gilad Shalit por prisioneros palestinos. Lo reporta el rabí estadounidense David Shneyer en una carta a su comunidad, al regreso de una estancia en La Habana durante la cual fue autorizado a visitar a su correligionario. “Después de haber aprendido sobre el canje reciente de Gilad Shalit por más de 1.000 prisioneros palestinos, (Gross) consideró que los EE.UU. y Cuba podrían hacer lo mismo para él y para los Cinco Cubanos”, que cumplen condenas en los EE.UU., escribe en el documento publicado en Washington por el boletín de la comunidad Am Kolel, que fundó y dirige. En su carta, el líder religioso cuenta como visitó a Gross en el complejo del Hospital Militar Carlos Finlay de La Habana. “Tomé un taxi allí desde el Hotel Presidente la tarde del pasado jueves. Yo fui recibido por cuatro hombres, un guardia, un médico, un funcionario del Ministerio del Interior, y un traductor”. “Sus guardias habían creado un espacio confortable con dos sofás y una mesa con refrescos. Alan explicó que, normalmente, la sala se utiliza para las reuniones con los médicos. Nos reunimos alrededor de una hora y cuarenta minutos”, recuerda, precisando que llevó al preso caramelo de mani, de los que lo encantan. “Alan realiza un ritual de Shabat todos los viernes por la noche frente a las fotografías de familiares y amigos. Me dio un par de pulseras que fabrica con tapas de botellas de plástico, como regalos para amigos y visitantes, de modo que fuera de su celda, no se olviden”, recalcó. Al concluir su texto, Rabbi Schreyer insta a todos a llamar periódicamente a las oficinas de Barack Obama, de Hillary Clinton y de miembros del Congreso, para reclamar la liberación del preso. Gross fue sentenciado en marzo a 15 años de cárcel por crímenes contra el Estado. Fue arrestado en Cuba en diciembre de 2009. El contratista efectuaba su tarea de “contratista” como parte de un programa de desestabilización financiado por la agencia estadounidense USAID. “Estados Unidos no debería esperar que Cuba libere a un contratista estadounidense con base en un gesto humanitario unilateral”, dijo a principios de octubre Ricardo Alarcón, presidente del parlamento cubano, en entrevista con la agencia de prensa norteamericana AP. Esperar un gesto así “no sería razonable”, subrayó. Entretanto, presionado por congresistas cubanoamericanos de extrema derecha encabezados por Ileana Ros-Lehtinen, el gobierno de Washington “desmintió” que conversaciones sobre este tema habían tenido lugar con el gobierno de La Habana. “Estados Unidos no está considerando la liberación de ninguno de los ‘Cinco Cubanos’ a cambio de Alan Gross”, dijo la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland. Una de las personalidades favorable a la liberación de los cubanos es el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, que aseguró en una visita a La Habana que en el juicio a los cubanos se produjeron irregularidades. Enviado por su autor Imagen agregada RCBáe

Por Jean-Guy Allard



 
Alan Gross, el contratista norteamericano de la USAID preso en Cuba por haber introducido ilegalmente en la Isla equipos de comunicación satelital de última generación, considera que EEUU pudiera canjearlo con los cinco cubanos detenidos en este país, de la misma forma que Israel canjeo hace poco al israelí Gilad Shalit por prisioneros palestinos.

Lo reporta el rabí estadounidense David Shneyer en una carta a su comunidad, al regreso de una estancia en La Habana durante la cual fue autorizado a visitar a su correligionario.

“Después de haber aprendido sobre el canje reciente de Gilad Shalit por más de 1.000 prisioneros palestinos, (Gross) consideró que los EE.UU. y Cuba podrían hacer lo mismo para él y para los Cinco Cubanos”, que cumplen condenas en los EE.UU., escribe en el documento publicado en Washington por el boletín de la comunidad Am Kolel, que fundó y dirige.

En su carta, el líder religioso cuenta como visitó a Gross en el complejo del Hospital Militar Carlos Finlay de La Habana. “Tomé un taxi allí desde el Hotel Presidente la tarde del pasado jueves. Yo fui recibido por cuatro hombres, un guardia, un médico, un funcionario del Ministerio del Interior, y un traductor”.

“Sus guardias habían creado un espacio confortable con dos sofás y una mesa con refrescos. Alan explicó que, normalmente, la sala se utiliza para las reuniones con los médicos. Nos reunimos alrededor de una hora y cuarenta minutos”, recuerda, precisando que llevó al preso caramelo de mani, de los que lo encantan.

“Alan realiza un ritual de Shabat todos los viernes por la noche frente a las fotografías de familiares y amigos. Me dio un par de pulseras que fabrica con tapas de botellas de plástico, como regalos para amigos y visitantes, de modo que fuera de su celda, no se olviden”, recalcó.

Al concluir su texto, Rabbi Schreyer insta a todos a llamar periódicamente a las oficinas de Barack Obama, de Hillary Clinton y de miembros del Congreso, para reclamar la liberación del preso.

Gross fue sentenciado en marzo a 15 años de cárcel por crímenes contra el Estado. Fue arrestado en Cuba en diciembre de 2009. El contratista efectuaba su tarea de “contratista” como parte de un programa de desestabilización financiado por la agencia estadounidense USAID.

“Estados Unidos no debería esperar que Cuba libere a un contratista estadounidense con base en un gesto humanitario unilateral”, dijo a principios de octubre Ricardo Alarcón, presidente del parlamento cubano, en entrevista con la agencia de prensa norteamericana AP. Esperar un gesto así “no sería razonable”, subrayó.

Entretanto, presionado por congresistas cubanoamericanos de extrema derecha encabezados por Ileana Ros-Lehtinen, el gobierno de Washington “desmintió” que conversaciones sobre este tema habían tenido lugar con el gobierno de La Habana.

“Estados Unidos no está considerando la liberación de ninguno de los ‘Cinco Cubanos’ a cambio de Alan Gross”, dijo la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland.

Una de las personalidades favorable a la liberación de los cubanos es el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, que aseguró en una visita a La Habana que en el juicio a los cubanos se produjeron irregularidades.

Enviado por su autor
Imagen agregada RCBáez