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jueves, 29 de marzo de 2012

Tony Guerrero: ¿Qué se dijo aquí?

Queridos amigos:

Su Santidad, el Papa Benedicto XVI ya está en el Vaticano. Fue despedido con una lluvia copiosa de la naturaleza y de la hospitalidad y la sencillez de nuestro amado pueblo.

No pretendía escribir sobre el tema, ya que todos con seguridad siguieron de cerca lo acontecido durante esta visita.

Pero, "la objetividad, la claridad, el seguimiento, la inmediatez" de Univisión, canal por el que pude ver algunos fragmentos de este evento, me obligan a decir algo.

Para este canal hispano en los Estados Unidos, resulta que a la Plaza de la Revolución el pueblo asistió obligado a la segunda y última misa del Papa; resulta que fue un tremendo abuso lo que se hizo con aquel sujeto que trasgredió la seguridad y la disciplina que requiere un recibimiento al Papa, resulta que no se entiende como su Santidad se reunió con Fidel y no le dio un minuto a las Damas de Blanco y resulta que detrás de las palabras de su Santidad hay un mensaje escondido que el pueblo cubano debe escuchar bien.

Y, ¿qué tal las palabras de Raúl? De eso Univisión no habla.

Eso que dice este noticiero es lo que mantiene aquí informado a la gente, eso es lo que quieren sembrar en la gente y eso es lo que algunos quieren oír, y ellos, buenos negociantes de la "prensa libre", lo saben.

Por eso, y por muchas otras razones es que no pierdo mi tiempo viendo la televisión.

"Satisface a nuestro país estar entre los que más han hecho por la vida, la libertad y la dignidad humana", sentencio nuestro Presidente.

Y seguiremos haciendo todo lo posible por construir un mundo mejor.

Los hechos valen más que las palabras huecas de la constante vil patraña de los grandes medios contra nuestra digna Revolución.

¡Venceremos!

Cinco abrazos.
Antonio Guerrero Rodríguez
29 de marzo de 2012
FCI Marianna

Burson-Marsteller, Alan Gross y la luz al final del túnel

Por Machetera 
Translated by  Manuel Talens



La lección en la Salpêtrière
 (1887), de Pierre-André Brouillet (1857 - 1914).
La Salpêtrière es un legendario hospital de París, construido en el siglo XVII, que fue cuna de las neurociencias por haber alojado a grandes maestros de la medicina como Charcot, Babinski y Freud. En este famoso cuadro de Pierre-André Brouillet se observa al médico francés Jean-Martin Charcot con sus alumnos durante una sesión clínico-docente en la que les explica cómo llegar al diagnóstico de un ataque de histeria en una enferma cuyo nombre ha pasado a los anales de la medicina: Blanche Wittman.

La escena es inequívocamente sexista: un tropel de hombres deciden cómo tratar a una mujer de una enfermedad que ya desde la etimología apesta a sexismo. Por el simple hecho de haber nacido mujer, Blanche Wittman está a la merced de sus decisiones. Las dos monjas que asisten a Blanche son meras espectadoras sin voz. Ellos “saben”, ellas no.
Ciento veinticinco años después, la intrahistoria de este cuadro venerable recuerda mucho a la de Judy Gross, la esposa del contratista de la USAID encarcelado en Cuba. El viejo paternalismo ancestral sigue vivo y tanto el New York Times como el Washington Post acaban de demostrarlo con una estúpida campaña mediática cuyo objetivo es presionar al papa Benedicto XVI para que éste aconseje a Cuba que trueque a René González por Alan Gross. Aconsejar a Cuba, como si fuese un niño rebelde y no un país soberano, es ya una ofensa inaceptable, pero el consejo que Judy Gross está recibiendo no le va a la zaga: en vez de tratarla como un sujeto activo, capaz de articular su destino, la campaña que pretende traer a su marido de vuelta al hogar está dirigida por gente cuyas prioridades son muy distintas a las de esta mujer.
Sin embargo, un detalle imprevisto ha alterado ligeramente la campaña y ha sido la revelación que hace unos días hizo el periodista Paul Berger en el Jewish Daily Forward, según la cual la agencia de relaciones públicas Burson-Marsteller está detrás del cambalache. El Washington Post ha admitido la veracidad de la noticia, pero cabe preguntarse si lo habría hecho en caso de que Paul Berger no hubiese tirado de la manta.
Un editorial del New York Times seguido de un reportaje del Washington Post  promocionando la “solución” papal no son cosas que suceden por casualidad. Al principio pensé que quien estaba detrás de esto era el Departamento de Estado, pero ese tipo de cabildeo habría sido indecoroso. Lo que sucedió en realidad fue que Hillary Clinton entregó una lista detallada de lo que quería en la campaña a su buen amigo Don Baer, que no sólo es vicepresidente de Burson-Marsteller, sino que además fue quien le escribía los discursos a Bill Clinton; Baer, por su parte, se la pasó a Mark Penn, que es el director ejecutivo de Burson-Marsteller, el mismo que diseñó la torpe estrategia de su campaña presidencial en 2008). A partir de ese momento, voilà, la maquinaria de los dos periódicos (y de algunos más) se puso en marcha para promocionar el canje de González por Gross con la ayuda papal.
René González es el primero de los Cinco Héroes cubanos que ha salido de la cárcel tras cumplir la pena máxima por no haberse registrado como agente extranjero, no por “espionaje”, que es lo que falsamente afirmó el Washington Post. Son dos cargos muy distintos, pero ya me ocuparé otro día de diseccionar ese artículo del Post.
René está ahora en Florida en libertad condicional, mientras que diez rusos que fueron detenidos hace un par de años bajo la acusación de ser agentes extranjeros no registrados –el mismo delito que a él, por el momento, ya le ha costado trece años de su vida– fueron deportados a Rusia sin más problemas. Está claro que si a alguien le echan el guante en Miami como agente extranjero no registrado es muchísimo peor que si sucede en Nueva Jersey, sobre todo si se trata de un cubano.
En cambio, el yanqui Alan Gross apenas ha cumplido dos años de los quince que habrá de pasar en una cárcel de Cuba por haber tratado de instalar una red clandestina de internet en violación de las leyes cubanas. Por mucho que Burson-Marsteller insista en su campaña mediática, el de Gross no fue un proyecto “humanitario”. Eso es la tapadera. Los judíos de Cuba ya tenían acceso a internet y no lo necesitaban a él.
Es evidente que la oferta que están publicitando, la de entregar a un hombre casi libre a cambio de otro que aún deberá pasar más de una década en prisión puede funcionar bastante bien como táctica dilatoria, pero como estrategia de negociación no tiene ni pies ni cabeza. Como bien ha señalado Walter Lippmann, que algo sabe de Cuba, “Israel canjea a miles de palestinos por un soldado israelí; Washington canjeó a diez rusos detenidos aquí por cuatro rusos capturados allá por espiar para nosotros. ¿Por qué no puede hacer lo mismo Washington: “Os doy a vuestros cinco cubanos si me devolvéis a mi contratista”? El problema, claro está, es que Hillary Clinton no es del mismo parecer y, al día de hoy, tiene la sartén por el mango.
Lo que Berger afirmó en el Jewish Daily Forward es que las críticas que Judy Gross ha lanzado contra Obama y la política de Washington hacia Cuba forman parte de una nueva estrategia que “coincide” con la entrada en el juego de Burson-Marsteller. Vale, tal vez sea sólo una coincidencia, pero estoy bastante segura de que el guión con las instrucciones a seguir que Don Baer le entregó a Judy no pretendía eso, ya que incluso si formase parte de una extraña estrategia a contracorriente, ¿hasta dónde podrían llegar tales críticas si Baer es quien se ocupa de Hillary Clinton, que no dejará de estar a las órdenes de Obama hasta que se enfrente a Jeb Bush por la presidencia en 2016?
No tengo información privilegiada, pero estoy dispuesta a apostar que la bien fundada diatriba de Judy Gross contra Obama fue el típico caso de la cliente sumisa que de pronto se salta el guión preestablecido y se pone a decir abiertamente lo que piensa. No sería la primera vez que sucede una cosa así.
Por extraño que parezca, creo que esa “insubordinación” nos permite ver un diminuto rayo de luz al final del túnel. Clinton, Penn, Baer y Burson-Marsteller han diseñado un escenario miserabilista de la familia Gross destinado a despertar la piedad del electorado: son pobres víctimas, judíos de buena voluntad que sufren persecución de las fuerzas del mal por hacer el bien y que ahora dependen del milagro de un Papa católico. Esta campaña mediática es una tomadura de pelo para entretener al matrimonio Gross hasta que pasen las próximas elecciones presidenciales. ¿A qué persona con dos dedos de frente se le ocurría decir que el Papa es la última esperanza de esta mujer?



Alan y Judy Gross
Hay otras opciones, por supuesto, pero la peor que puede adoptar la esposa de Alan Gross es ser obediente para que las cosas les vayan viento en popa a Obama y Clinton en su campaña presidencial. Otra opción sería combinar la presión mediática sobre Washington con alguna ayuda adicional de los medios y grupos sociales y de alianzas inteligentes, pero a ninguna agencia de relaciones públicas que esté al servicio de Hillary Clinton le interesa.
De hecho, mientras Burson-Marsteller siga manipulando este espectáculo mediático las dos partes en litigio seguirán enzarzadas en un diálogo de sordos. Quizá la única manera de dirimir este problema podría consistir en colmar la distancia que separa a los familiares y amigos y de Alan Gross de los familiares y amigos (que son millones en la comunidad internacional) de los Cinco Héroes cubanos. Y puede que eso esté empezando a ocurrir.
Con milagrosa precisión, el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Cubanos ha programado varios días de actividades en Washington, que se celebrarán dentro de pocas semanas (los días 17 a 21 de abril) con la participación de una larga lista de estrellas invitadas. Sería una tragedia si al menos unas cuantas personas del bando de los Gross no se escapasen de sus cancerberos de Burson-Marsteller para darse una vuelta por allí.
Una de las estrellas que asistirán es Stephen Kimber. El propio Kimber me ha proporcionado amablemente un manuscrito de su libro todavía inédito, What Lies Across the Water [Lo que hay en la otra orilla], una magnífica, meticulosa, honrada e imparcial investigación sobre el caso de los Cinco Héroes cubanos. Quien desee conocer exactamente qué estaban haciendo en Miami y la posterior tragedia de sus injustas condenas y encarcelamiento disponen en este libro de la información definitiva. Ojalá se hubiese publicado hace diez años. Si los Gross buscan un libro que de verdad los ayude a encontrar una solución para su tragedia, éste es.
Y Cindy Sheehan también irá. ¡Un auténtico lujo! La verdad es que si Judy Gross no se presenta en Washington para hablar con Cindy, que escribió el libro sobre cómo presionar a un presidente, no me quedará más remedio que concluir que la gente de Burson-Marsteller la habrá secuestrado para impedírselo.

Por último, habrá un piquete y una manifestación frente a la Casa Blanca. Permítaseme sugerir que si el bando de los Gross aprovechase esa oportunidad única que se le presenta de manifestarse junto al grupo de los Cinco Héroes cubanos, sería un bombazo irresistible, el sueño hecho realidad de cualquier ejecutivo –inteligente, eso sí– de relaciones públicas. Y la prensa caería rendida ante la prueba palpable de que algo está cambiando. Por cierto, ni Clinton ni Penn ni Baer ni Burson-Marsteller estarían de acuerdo con algo así… lo cual es una razón de más para que Judy Gross abandone el papel de Blanche Wittman que le han atribuido y dé un paso al frente.


Enviado por su autora

domingo, 25 de marzo de 2012

Washington promueve sus intereses políticos con la visita del Papa

Washington promueve sus intereses políticos con la visita del Papa: Presionan en EU por intercambio del preso Alan Gross por René González
Por David Brooks, Corresponsal
Periódico La Jornada

El viaje del papa Benedicto XVI a Cuba el próximo lunes es motivo de una serie de maniobras de diversos sectores estadunidenses que presionan por un cambio en Cuba, pero para otros revela que Washington es el que ha fracasado en su intento de cambiar.

Las llamadas organizaciones opositoras de la "sociedad civil" en la isla y las anticastristas cubano-estadunidenses de Miami –ambas beneficiadas durantes años por los "programas de democracia" por los cuales el gobierno estadunidense canaliza millones de dólares a Cuba en violación de las leyes de la isla, y cuyo objetivo es un "cambio de régimen" en esa nación– desean utilizar el viaje del Papa para sus propósitos (como reportó ayer La Jornada), mientras otros buscan la intervención papal para resolver casos particulares que brotan de la política bilateral actual entre Washington y La Habana.

Tal vez el asunto bilateral más prominente de esta coyuntura de la visita papal es el de Alan Gross, el subcontratista de la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) que ilegal y clandestinamente estaba importando a Cuba sistemas de comunicación cibernética para la comunidad judía (a pesar de que dirigentes de esa comunidad ni estaban enterados de tal"asistencia"), quien ahora está cumpliendo una condena de 15 años en una prisión de la isla.

El gobierno de Barack Obama ha instado repetidamente al gobierno cubano a liberar a Gross como un "gesto humanitario", debido a su delicado estado de salud. Algunas organizaciones judías estadunidenses recientemente difundieron una petición para que el Papa interceda en el caso con Raúl Castro.

El senador Bill Nelson, de Florida, envió una carta al Papa pidiéndole que intervenga ante los Castro en favor de Gross, y hasta el New York Times decidió meterse en el asunto al publicar un editorial en que expresa su deseo de que el pontífice inste al mandatario cubano a liberar al estadunidense.

Judy Gross, la esposa del contratista, está presionando a ambos gobiernos y compara el caso de su esposo con el de René González, uno de los llamado"cinco cubanos", quien ya cumplió su condena por espionaje y está bajo libertad condicional en Florida.

González acaba de lograr que un tribunal apruebe su solicitud de visitar durante dos semanas a su hermano que padece cáncer terminal en Cuba. La esposa de Gross pide que los cubanos permitan que su esposo viaje temporalmente a Estados Unidos para visitar a su madre, quien también está grave.

Por su parte, La Habana ha insistido que Washington debería liberar a los cinco cubanos que fueron condenados a largas penas de cárcel (uno a dos cadenas perpetuas) acusados de espionaje en un proceso legal ampliamente denunciado como parcial y manipulado para servir intereses políticos en Miami y Estados Unidos.

Detrás del escenario hay todo tipo de maniobras de los estadunidenses para promover un tipo de canje, y permitir que González retorne a la isla a cambio de que los cubanos permitan, como gesto recíproco, el retorno de Gross.

En su editorial, el New York Times llamó a los cubanos a liberar a Gross como "acto de merced" a pesar de admitir que violó leyes cubanas. Indica que las autoridades de Cuba intentan utilizar a Gross como carta para lograr la liberación de los cinco cubanos. Sugiere que ya que a González se le ha permitido regresar a la isla temporalmente para visitar a su hermano, "los oficiales cubanos inmediatamente deberían permitir que el señor Gross regrese a Estados Unidos para visitar a su madre. Una vez que ambos estén de regreso en casa, debería llegarse a un acuerdo para permitir ambos permanezcan ahí".

Por su parte, el Departamento de Estado negó que exista negociación alguna de intercambio de prisioneros, pero la vocera Victoria Nuland dijo esta semana que la decisión del tribunal sobre el caso de González ofrece"una oportunidad para nosotros de renovar nuestros llamado por la liberación incondicional inmediata (de Gross)".

Lo que no se reconoce en los argumentos de la esposa de Gross, del New York Times y los políticos estadunidenses que promueven este tipo de arreglo son algunos hechos básicos. Por un lado, González ya cumplió su condena mientras que Gross apenas inicia la suya. Por otro, si se le permite regresar  "temporalmente" a Estados Unidos obviamente Gross jamás regresará a Cuba, mientras aquí siguen encarcelados cuatro de los cinco cubanos y, por tanto, González retornará para evitar cualquier daño mayor a sus compañeros.

Hay otra diferencia fundamental: Gross fue operador en un programa del gobierno estadunidense cuyo objetivo era minar y ampliar la oposición interna al Ejecutivo cubano –ese es el objetivo explicito en los programas de la USAID–, mientras que la misión de los cinco estaba exclusivamente enfocada en evitar atentados terroristas contra su país, repetidamente lanzados por las agrupaciones anticastristas desde Estados Unidos.

Las propuestas estadunidenses evaden el problema fundamental en la relación bilateral actual –la política de "cambio de régimen" establecida por la Ley Helms-Burton junto con el mundialmente rechazado boicot a la isla. De hecho, antes de que el Papa partiera de Roma, el Vaticano reiteró su oposición a estas políticas y declaró que "el embargo es algo que hace que el pueblo sufra las consecuencia. No logra el objetivo de un bien mayor... No es una medida positiva ni útil", reportó Reuters.

La coyuntura de la visita papal parece revelar más la ausencia de un cambio en Estados Unidos que en Cuba. Para Julia Sweig, directora de estudios latinoamericanos del Consejo de Relaciones Exteriores, el problema básico es la falta de un cambio en la política estadunidense hacia la isla: "El gobierno del presidente Obama, consistente con el manejo del gobierno de Bush, ha tomado una decisión política de subordinar las decisiones de política exterior e interés nacional al politiqueo doméstico con respecto a su política hacia Cuba".

Explicó que Florida es la clave, ya que la influencia de un grupo bipartidista de políticos, el peso de ese estado en el mapa electoral y los fondos políticos que fluyen de ahí son una "combinación que ha persuadido a la Casa Blanca a que la relección presidencial (de Obama) tiene más prioridad que hacer la pesada labor de poner a Estados Unidos en el camino de la normalización con Cuba por ahora".

Hasta la antiquísima Iglesia católica entiende la necesidad del cambio, y más que Washington.

Courtesy of Attorney José Pertierra