jueves, 4 de diciembre de 2008

El caso de los 5 Héroes de la República de Cuba

El caso de los 5 Héroes de la República de Cuba, presos injustamente en las cárceles estadounidenses
Por Orlando Cruz Capote*

"Esa ola de apoyo que hoy existe se puede convertir en un arrasador “Tsunami” de solidaridad internacional"

Reconozcamos todos que la agenda de trabajo del futuro gobierno de EE.UU. debe estar suficiente recargada por los ingentes esfuerzos encaminados a paliar, porque solucionar es un imposible, la grave crisis económica norteamericana, no obstante sería de suma trascendencia que incorporasen a ella, como un caso digno de atender, el de los cinco cubanos injustamente presos en sus cárceles y escuchar los reclamos de otros cubanos de esta rebelde Isla sobre ese asunto.


Pensemos entonces en una persona a quien no le serían ajenos esos reclamos, porque conocemos su lucha para llevar a vías de hecho sus propósitos sobre la necesidad de que una gran parte de la población estadounidense lograra la ansiada seguridad en los servicios médicos, entre otras asistencias públicas. Ello marcó una pauta importante en el gobierno de su esposo. Hablamos de Hillary Clinton, esa inteligente, hábil y capaz mujer. En estos momentos recordamos su enfrentamiento valiente, sereno y lleno de argumentos con el Senado, la Cámara de Representantes y el Congreso para lograr la aprobación de esas propuestas, cuando en esas esferas de gobierno dominaban los republicanos y otros grupos muy neo-conservadores. Su derrota en aquellos instantes no significó que no tuviera la razón. Los destruidos moral y éticamente fueron sus adversarios y, lamentablemente, la propia sociedad norteamericana. Otra sería hoy la historia de los impactos sociales de la crisis económica-financiera de haberse aprobado aquellas ideas.


Su designación ya pública, como Secretaria de Estado para el próximo mandato que comenzará el 20 de enero de 2009, nos hace pensar que ella será capaz de escuchar estas opiniones no porque quizás tenga tiempo para leerlas, sino porque algunos de sus asesores podrían transmitirle una síntesis de las principales ideas. El asunto, pensamos que puede ser muy provechoso para su gestión de dirigir la política exterior de esa gran potencia. No son absurdos, ni imposibles, mucho menos cuando pueden ayudar a cambiar la imagen internacional y regional de los Estados Unidos de América, muy desfavorable y deteriorada después de ocho años de políticas erróneas, insuficientes e inadecuadas hacia el exterior. Cuba, que está por cumplir casi 50 años de Revolución, nunca se ha vanagloriado de una victoria humillando al adversario, ni siquiera lo hizo con el ejército sudafricano en Angola y Namibia, cuando fueron derrotados de manera rotunda en 1988. Y en este asunto tan especial, sería incapaz de estimarse como vencedora, de forma aplastante en el campo ideológico y político sino, solamente, estaría obteniendo la más elemental justicia, aquella que se implementa más allá de las leyes, la que palpita en los corazones y sentimientos, y se sustenta en las razones y convencimientos más humanistas y universales de la gente de bien. Y ella, como abogada hábil y competente, sabe mucho de esa interpretación de las leyes.


Ha transcurrido más de una década que cinco nacionales, Héroes de la República de Cuba, están presos en las cárceles de los EE.UU., bajo la acusación de espionaje. Las sin-razones de sus condenas, todas extremas e insensatas por ser cubanos, son las de haberse infiltrado en algunas organizaciones terroristas anticubanas para advertir y proteger a su patria de los planes de subversión, sabotajes y posibles ataques traicioneros. Pero la realidad fue más allá de ese noble intento, ellos ofrecieron informaciones muy útiles para el FBI y otras agencias especiales norteamericanas acerca de posibles atentados, con explosivos de distinto tipo, contra compañías aéreas e instalaciones civiles que se desempeñan en su territorio y que hubieran costado la vida a muchos civiles inocentes. Fue una época, finales de los años 90 de la pasada centuria, que en este pequeño Caimán Verde, se producían constantes atentados explosivos contra hoteles, centros turísticos, cabarets, discotecas, restaurantes y otros lugares públicos, uno de los cuales le costó la vida a un ciudadano italiano, el joven Fabio Di Zelmo. Los autores intelectuales, como todos conocemos, se pasean libres por las calles de Miami, y los ejecutantes, algunos de ellos de nacionalidad centroamericana, están detenidos en Cuba y pendientes, su condena a pena de muerte impuesta por los tribunales competentes, gracias a la benevolencia de la máxima instancia de este país, el Consejo de Estado.


La inculpabilidad insana e injusta contra los cinco se realizó en un juzgado de Miami, en donde se conoce bien que actúan sectores muy reaccionarios de origen cubano, que han vivido casi cincuenta años del presupuesto de los EE.UU., bajo una industria que ellos mismos dan en llamar anticastrista, por lo que el juicio fue mal-tratado y mal ubicado pues, según la Constitución y otras normativas jurídicas norteamericanas, no podía realizarse en un medio hostil y agresivo que influiría, tal como sucedió en la realidad, en las decisiones de los jueces, tribunales y testimoniantes que fueron sometidos a constantes presiones y chantajes.


Sin embargo, algunos altos oficiales del Pentágono y de la CIA, que participaron en el juicio, afirmaron contra la lógica-ilógica de los juzgadores y vengativos acusadores, que estos hombres nunca pusieron en peligro la seguridad nacional de su país y ni siquiera tuvieron acceso a grandes ni medianas instalaciones militares y tampoco a informaciones vitales del sistema de defensa estadounidense. A pesar de ello, estos testimonios no se tuvieron en cuenta, así como tampoco los datos ofrecidos por los abogados defensores cubanos y norteamericanos y por el gobierno revolucionario de Cuba, que se entregaron con urgencia a los jueces que llevaron a cabo ese juicio. Fue y sigue siendo una clásica vendetta, al estilo de una verdadera mafia tradicional, pero muy contemporánea.


La defensa recayó sobre los mismos hombres enjuiciados. Estos, que se caracterizan por una voluntad de acero y una dignidad a toda prueba, también la realizaron con una sinceridad y honestidad irrebatible e inquebrantable. Más tarde, el caso de los cinco, como es conocido mundialmente, se elevó al Tribunal de Atlanta y allí, luego de resultados contradictorios, la apelación se volvió a tergiversar, distorsionar y manipular. Ahora están pendientes de la Corte Suprema de Justicia de ese país.


Es posible que Hillary manifieste que por la división de poderes existente y configurada en su nación, el ejecutivo poco puede hacer en este caso porque recae completamente en el aparato de justicia y sus normas establecidas. Estaríamos de acuerdo con ello, si se desconociera el poder del presidente de los EE.UU. y sus secretarios más influyentes, para mediar en el mismo. Recordamos la actitud de su esposo, el ex-presidente William Clinton, cuando en el caso del niño cubano secuestrado, Elián González Brotón, siempre defendió la tesis justa de que la Patria Potestad debía recaer en el padre del niño y no en sus tíos de Miami. Y fue mucho más contundente cuando supo que Juan Miguel era un padre auténtico, con plenos sentimientos y responsabilidades para hacerse cargo de la crianza de su hijo, a pesar de que la mamá había muerto en el intento de llegar a USA, en una embarcación frágil en medio de las turbulentas aguas del Estrecho de la Florida. Ese hombre de pueblo rechazó todos los ofrecimientos que se le hicieron y por eso mereció la Orden Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria cubana. En esos momentos también se contó con el apoyo de una parte importante del pueblo norteamericano, de muchas iglesias y creyentes que dieron un impulso solidario y humano esencial para que el niño regresara finalmente con su progenitor a su casa natal en Cárdenas, provincia de Matanzas.


Hace unos días conocimos de una entrevista que le hizo el famoso actor Sean Penn al Presidente del Consejo de Estado de Cuba, General de Ejército Raúl Castro, -noticia no confirmada oficialmente- en la cual el mandatario cubano propuso conversar con Obama en un territorio neutral. La idea fue que se efectuara en la zona de Guantánamo, donde está instalada la base militar estadounidense, que ocupa ilegalmente una parte del territorio de la Isla contra la voluntad de su pueblo, y la máxima autoridad gubernamental cubana planteó medio en serio y medio en broma, que le
daría como premio o regalo, al terminar de ese diálogo, la bandera de los Estados Unidos de América que está izada en esa zona usurpada desde 1901, cuando fue introducido el apéndice de la Enmienda Platt en la Constitución nacional, bajo la ocupación estadounidense. O sea que deben devolver ese pedazo de tierra cubana. La idea de un encuentro entre ambos gobiernos es una vieja propuesta de la Revolución Cubana y de los sectores más progresistas y pragmáticos norteamericanos, y ha sido retomada ya en dos o tres ocasiones anteriores por el actual presidente cubano. El propio Barack Obama declaró, en plena campaña electoral, que conversaría con las autoridades de Cuba y de otros países considerados enemigos por el gobierno de George W. Bush.


El inicio de la normalización de las relaciones entre ambos gobiernos y Estados, al que no estarían ajenos los pueblos, ayudaría a mejorar el clima de tensión entre ambas naciones, con una connotación regional e internacional. No se explica que una Isla que es 80 veces más pequeña que el vecino más poderoso de la Tierra, constituya un peligro para su existencia y, mucho menos, una amenaza para la seguridad nacional de ese hegemónico imperio. Únicamente la insoportable supervivencia de una óptica que data del tiempo de la Guerra Fría puede asegurar, en un plano muy ideologizante, que esa gran mentira sea cierta. Las armas que posee la mayor de las Antillas tienen como objetivo persuadir a cualquiera de que una invasión o ingerencia en sus asuntos internos, significaría para el agresor una aventura con un alto e impagable costo en vidas humanas. Cuba sólo se prepara para una guerra con el fin de evitarla. Sus armamentos son defensivos y únicamente un suicida se atrevería a atacar desde Cuba a los Estados Unidos, y para suerte de la Perla del Caribe, su ética-política y cultura humanista hace totalmente improbable esa realidad, que de forma perversa se escribe en libros, guiones de películas de ficción y en declaraciones descabelladas y canallescas por parte de algunos funcionarios estadounidenses, todas ellas manifestaciones de una sospechosa intencionalidad ideopolítica.

El caso de los Cinco Héroes encarcelados injustamente no ha tenido una cobertura masiva en los medios de comunicación al interior de los EE.UU., por la política del silencio y la censura alrededor del proceso judicial. La señora Hillary Clinton y el nuevo mandatario podrían dar ese paso, sin gran algarabía y repercusión. El escándalo más grande se produciría en Miami, pero los demócratas ganaron el Estado de La Florida en estas elecciones y por eso no habrá mayores consecuencias. El lobby anticubano no tiene la fuerza económica que posee el hebreo en los pasillos del capitolio estadounidense, porque solamente constituye un grupo de presión política que ha ocasionado más daño que beneficios al gobierno y pueblo norteamericano. Esa élite de poder muchas veces se ha visto maniatada por los intolerantes usufructuarios de la ley del bloqueo -denominada técnicamente embargo- (1962), la de Ajuste Cubano (1966), la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996), por citar las principales, así como por sus propulsores y émulos dentro de la política norteamericana más acérrima contra Cuba.


Resulta interesante recordar que en los años 60, el presidente de Francia, Charles De Gaulle le aconsejó al gobierno de Richard Nixon que conversara con la República Popular China antes de que esta nación de cerca de 800 millones de habitantes -en aquel entonces- se convirtiera en una potencia mundial, hecho que acaecería muy a pesar de las intenciones contrarias. Aún estaba lejos ese horizonte, pero la sagacidad y visión política del francés brindó una brújula a un gobierno conservador que no fue nada desacertada. Entonces, en medio de la crisis de la guerra de Vietnam, Henry Kissinger comenzó las conversaciones secretas con los dirigentes chinos de la época y ese resultado, que parecía distante, brindó sus frutos pocos años después. Cuba no podrá ser una potencia mundial económica, demográfica y militar, existen ciertas limitaciones de espacio y recursos para ello, pero hace rato que es una potencia moral, educacional, de salud pública, de investigaciones avanzadas en el campo de la biotecnología y la genética, en el combate contra el cólera, el SIDA y otras enfermedades. Actualmente alrededor de 40 mil médicos, enfermeras y técnicos de salud cubanos prestan servicios en más de 60 naciones. Miles de jóvenes del Tercer Mundo, e incluso personas de los barrios más pobres de los Estados Unidos estudian en las universidades de la Isla. Centros científicos de los dos países trabajan en conjunto, bajo acuerdos protocolares serios, en la búsqueda de una cura contra el cáncer.


¿Por qué pudieron sentarse a negociar con la China Popular y no hacerlo con Cuba? ¿Por qué tanta hipocresía y doble rasero cuando de Cuba se trata? Si se les preguntara a algunos gobernadores, industriales y granjeros norteamericanos por qué comercian hoy con este pequeño país, a pesar de las limitaciones impuestas por el bloqueo, estos responderían que el mercado cubano les ofrece oportunidades de ganancias y la posibilidad de realizar negocios beneficiosos y seguros para ambas partes. Si se encontrara petróleo en los bloques marítimos en las aguas menos o más profundas del Golfo, bajo jurisdicción cubana, la Isla se convertiría en un posible abastecedor de crudo, refinación y subproductos para el insaciable mercado del vecino del Norte. Incluso, bajo una normalización de las relaciones cubano-norteamericanas, empresas petroleras transnacionales, que tienen su casa matriz en EE.UU., se verían incluidas en la prospección, explotación y producción de ese recurso energético que parece terminarse en el mundo, en un lapso de tiempo determinado, porque son agotables.


Las grandes soluciones políticas muchas veces se inician con pequeños pasos. La liberación de los cinco compañeros presos: René, Fernando, Antonio, Ramón y Gerardo, sería un buen comienzo.


La ola de apoyo a los cinco héroes crece por día en casi todas las regiones del orbe. La proyección internacional de la Isla, que no solo la realiza el Ministerio de Relaciones Exteriores, es muy vasta y profunda, extensa e intensa. Cuba es una voz importante en el concierto de las Naciones Unidas -185 votos a favor de Cuba, en la última plenaria de la Asamblea General, y sólo 3 países hicieron causa común con la política norteamericana del bloqueo, por cierto uno de ellos el propio Imperio-; tiene también palabra muy escuchada y respetada en el Movimiento de Países No Alineados, en el Grupo de Río, al cual recientemente se incorporó, en el CARICOM y otras organizaciones internacionales. Esos espacios ganados por la firmeza de principios, ejemplaridad en las políticas solidarias e internacionalistas le brinda a la Revolución Cubana suficiente prestigio y mérito para lanzar una campaña a fondo contra la injusticia sin límites cometida con los cinco héroes. Hay grupos de solidaridad, cada vez mayores en número y organización, dentro de ese país que apoyan la causa de la liberación de los camaradas detenidos. Existen grupos de abogados norteamericanos muy capaces en la defensa de este caso y, a ojos vistas, va a crecer ese oleaje de apoyo. ¿Cuándo se autorizará la visita de las dos esposas y una hija que no han podido ver en diez años a sus cónyuges y padre respectivamente, en franca violación del derecho internacional vigente? ¿Cuándo se otorgará la libertad a estos legítimos luchadores contra el terrorismo? ¿Y cuándo se enjuiciará a los autores del atentado al avión cubano en 1976, y a otros organizadores y ejecutantes de los innumerables actos terroristas contra Cuba?


Una anécdota final. La Revolución Cubana nunca ha abandonado a su suerte a ninguno de sus hijos. En la travesía del yate Granma, desde Tuxpan, México hacia Cuba en 1956, cayó al mar un hombre. Fidel Castro demoró la llegada a tierras orientales para buscarlo y lo encontró. El Héroe de la República de Cuba, combatiente Orlando Cardoso Villavicencio fue hecho prisionero y ocultado por los somalíes cuando apoyamos a los etíopes en su guerra contra la invasión de la Somalia de Siad Barre. Cuando el gobierno cubano supo que este hombre estaba detenido, luchó por casi 15 años para que, finalmente, le otorgaran la libertad gracias también a la colaboración brindada por la Cruz Roja Internacional, países amigos y organizaciones humanitarias. A Juan Miguel y a Elián no se les dejó solos en su batalla. ¿Qué más pruebas se requieren para reconocer que los cinco saldrán de las cárceles, al final, por el esfuerzo del pueblo cubano, el estadounidense y muchos otros en todo el planeta?


Esa ola de apoyo que hoy existe se puede convertir en un arrasador “Tsunami” de solidaridad internacional. Sería un gesto humano y generoso de la nueva administración quitarse ese lastre que desprestigia a la nación más poderosa de la Tierra. La señora Hillary Clinton, las madres norteamericanas y las de todo el mundo saben muy bien lo que significa la vida de un hijo.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

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