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martes, 22 de septiembre de 2015

Entrevista de Javier Couso a Gerardo Hernández, uno de "Los Cinco" cubanos antiterroristas

Javier Couso, (@Caninator), Diputado de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo, entrevista en los estudios del Parlamento a Gerardo Hernández Nordelo, miembro de "Los Cinco" cubanos antiterroristas.
 Javier es hermano del periodista español José Couso, asesinado en Irak en 2003 por soldados yanquis en un ataque contra el Hotel donde se hospedaban varios periodistas y civiles.
 En la entrevista, Gerardo explica su labor dentro de la llamada Red Avispa, para detectar y desmontar actividades terroristas contra Cuba, acciones por las cuales sufrió injusta prisión durante más de 15 años junto a otros de sus compañeros:


Video en Youtube

sábado, 4 de abril de 2015

"Un día con...": Eva Golinger conoce en carne propia lo que sufrieron "Los Cinco" héroes

'Un día con…': Nuevo proyecto de RT con Eva Golinger
Foto RCBáez
En la nueva edición del proyecto especial 'Un día con...' Eva Golinger pasa un día con 'Los Cinco' cubanos, detenidos en 1998 en EE.UU., acusados de atentar contra la seguridad nacional, y condenados a pasar varios años en la cárcel, e incluso experimenta 'en su propia piel' cómo se sintieron los reos en sus celdas. 

 René González, uno de 'Los Cinco' cubanos, mostró a la presentadora abundante documentación del caso de la que disponen, y aseguró que tienen la intención de utilizarla para montar una enciclopedia digital del caso. González afirmó que el haber vivido tanto en EE.UU. como en Cuba le abrió "los horizontes". Según sus palabras, el discurso de Cuba "nunca fue contra el pueblo de EE.UU. sino contra el Gobierno, contra los crímenes del imperio", mientras que Washington "está en conflicto con todo el mundo".

 Eva Golinger demostró con su propia experiencia que los 'Los Cinco' se encontraban en "condiciones inhumanas" en la cárcel. La encadenaron y, vestida con un traje naranja de prisionero, entró en una de las celdas donde vivieron los cubanos.
 Los cinco presos cubanos: Fernando González, René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino permanecieron durante 15 años en cárceles de Estados Unidos.

 Fernando González y René González fueron los dos primeros de 'los cinco' cubanos que salieron en libertad tras haber cumplido sus condenas el 7 de octubre de 2011 y el 27 de febrero de 2014 respectivamente. Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino regresaron a Cuba el 17 de diciembre de 2014 tras la liberación de Alan Gross por parte de Cuba y el anuncio de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre las dos naciones.


 El presidente de Cuba, Raúl Castro, les otorgó el estatus oficial de 'Héroes de la República'.
                                
Video 1



Video 2



Video 3


Video 4



 Fuente Rusia Today

 Colaboración Gerardo Hernández Nordelo

lunes, 15 de septiembre de 2014

"Nunca escuchamos hablar del terrorismo que se le hace a Cuba"


Así lo aseguró Elizabeth Palmeiro, esposa de uno de los '5 héroes' cubanos sentenciados en EE. UU.
Por:  LUIS ALEJANDRO AMAYA | 
Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
Elizabeth Palmeiro dice que los '5 héroes' frustraron planes contra Cuba.
Elizabeth Palmeiro dice que los '5 héroes' frustraron planes contra Cuba.


El 12 de septiembre de 1998 cinco ciudadanos cubanos fueron arrestados en Miami (EE. UU.) por el FBI acusados de espionaje y daño severo a la seguridad nacional, tras llevar a cabo misiones que el Gobierno cubano considera como infiltraciones para evitar actos de terrorismo y desestabilización política en la isla.
El objetivo de Fernando González, René González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández y Ramón Labañino, los “5 Héroes”, como se les denomina en Cuba, era el de infiltrar organizaciones del exilio cubano para pasarle información a su gobierno sobre las acciones de éstas en pro de un cambio institucional.
El proceso tuvo todos los avatares posibles en medio de las constantes disputas entre Estados Unidos y Cuba. Tanto Fernando como René ya cumplieron sus condenas de quince años cada uno, mientras que a Labañino le quedan diez años más de presidio y sobre Hernández pesan dos cadenas perpetuas.
Elizabeth Palmeiro, esposa Labañino, habló en una entrevista con EL TIEMPO sobre el caso de los “5 Héroes”.
¿Cuándo fue la más reciente ocasión en la que pudo ver a su esposo?
Fue ahora en agosto, lo vi muy bien, teniendo en cuenta las condiciones en las que se encuentra. Está muy confiado en que pronto se logre un cambio en la situación y él y sus dos “hermanos” que quedan presos puedan ser liberados.
¿Cómo puede cambiar esa situación?
Ya Fernando y René cumplieron hasta el último día de sus condenas. A mi esposo le quedan diez años por cumplir, Antonio debe salir en el 2017 y Gerardo se supone que debe morir en prisión, que es lo que más nos preocupa.
La situación de René en Estados Unidos al final tenía unas condiciones muy anormales, su vida corría peligro porque la gente a la que él infiltró para conocer de sus planes terroristas pagaba por saber su ubicación para hacerle pagar por lo que había hecho. Gracias a las acciones de nuestros familiares se pudieron obstaculizar muchos planes terroristas contra Cuba.
¿A qué organizaciones se infiltró?
Muchas de esas ONGs de Miami, la Fundación Nacional Cubano Americana, Alpha 66, Hermanos al Rescate, Movimiento Democracia, organizaciones del exilio que dicen luchar por la libertad en Cuba, pero que en realidad son terroristas que se han organizado desde el mismo triunfo de la Revolución para aterrorizar Cuba por medio de atentados, sabotaje, bombas y muchas otras formas.
Nunca se habla del terrorismo que desde el propio Estados Unidos, en este caso desde Miami, se ha llevado a cabo contra Cuba, que no conoció el terrorismo el 11 de septiembre de 2001, sino de antes. Por conocerlo de antes es que hombres como mi esposo y sus compañeros decidieron un día aceptar ir a cumplir esas misiones.
¿Cómo supo usted que Ramón las cumplía?
Nunca me lo dijo. Esa conversación nunca la tuvimos. Cuando él empezó a faltar a la casa por razones de trabajo, estaba en España como economista cumpliendo misiones que tendrían que ver con tratar de aliviar la situación económica en nuestro país.
Tiempo después me comenzó a decir que su trabajo no era exactamente en Europa, que tendría tiempo para decirme, pero que estaba en nuestro continente. Que sus misiones eran muy importantes y que iban a requerir mucho sacrificio de mi parte. Nunca me imaginé los peligros que él estaba corriendo.
¿Cómo fue el día en que lo arrestaron?
Terrible. Se me movió la tierra, caí en un abismo del que todavía no he podido salir, que lo voy a hacer el día en que Ramón regrese a la casa. Llegaron unos compañeros y me dijeron que Ramón había sido arrestado y ahí me enteré que estaba en Miami. Sospechaba que podía estar por aquí, pero no precisamente en Miami. Las labores de nuestros familiares estaban destinadas a conocer de planes terroristas contra Cuba, planes de los cuales se le advirtió al gobierno de Estados Unidos.
¿Cómo percibe el manejo judicial que se le ha dado al proceso de los “5”?
Cuando los arrestaron, parecía un caso más sencillo, pero ante la presión de congresistas cubano-estadounidenses como Bob Menéndez e Ileana Ros Lehtinen se empezó a manipular todo lo que tenía que ver con las labores y las misiones verdaderas de nuestros familiares. Silenciaron todo y empezaron a enfilarse hacia involucrar a uno de ellos con el derribo de dos avionetas en el año 1996. Involucraron a Gerardo, que nada tenía que ver con eso y le endilgaron ese cargo para darle un tinte político al caso.
LUIS ALEJANDRO AMAYA
Redacción Internacional 

martes, 15 de abril de 2014

Encuentro con Fernando González: “Fuimos conscientes de que estábamos pagando por ser revolucionarios”



Entrevista realizada por Hernando Calvo Ospina al antiterrorista cubano recientemente liberado.



Los vi venir. La cita era en la Plaza de Armas, del lado de El Templete, en La Habana Vieja. Creí que nunca llegarían. Su paso era lento, despreocupado. Querían mirar y reparar en todo. Era como si quisieran descubrir la ciudad. Como si fueran los más dedicados turistas. Quise ir a su encuentro pero desistí cuando miré a su alrededor. Muchos ojos se abrían desmesurados, como no creyendo que eran ellos. Entonces una mujer se acercó a ellos, y los tocó para constatar que sí eran. Se lanzó en abrazos. Avanzaron unos pasos y llegaron otros tres jóvenes para saludarlos. Pero la mayoría se contentaba con admirarlos. Ellos, con la mayor ternura recibían y observaban esas demostraciones de cariño. Después de haber escuchado una versión de la Guantanamera, adaptada a los “Cinco Héroes” por tres músicos callejeros, al fin llegaron al lugar de la cita. Ahí sí me acerqué. Mejor, me fui directo para abrazar a Fernando.

Nos fundimos en un abrazo como poquísimos he dado y he recibido de un hombre. Mi admiración por su noble labor y sus años pasados en prisión se fueron en el mío. Luego saludé a su esposa, Rosa Aurora Freijanes. No supe a quién debía saludar en primero: René, el otro antiterrorista libre, o a su esposa Olga, con los cuales ya había tenido la oportunidad de compartir unos momentos meses atrás. Creo que primero la abracé a ella. En ese momento noté que una dama trataba de pasar desapercibida: Elizabeth Palmeiro, la esposa de Ramón Labañino, otro de los antiterroristas cubanos que aún sigue pagando injusta condena en Estados Unidos.

Dominique Leduc, secretaria general de la Asociación de solidaridad France-Cuba, estaba más que sorprendida. Yo la había invitado sin precisarle de qué se trataba.

Había mucho viento, lo que dificultaba filmar en la calle. Por eso pedí a la dirección de un hotel que me permitiera hacerles la entrevista en el pequeño patio. Apenas dije de quienes se trataban aceptaron de inmediato: “Es un gran honor para nosotros acoger a nuestros Héroes”. No había dado la espalda para ir en su búsqueda, cuando sentí que la noticia comenzaba a propagarse entre los trabajadores. “Este pueblo les debe mucho”, le escuché decir a un hombre de piel bien negra, muy emocionado.

Ahí tenía sentado a Fernando para hacerle unas preguntas. Antes de que Roberto Chile, el reconocido camarógrafo cubano, diera luz verde a la filmación lo observaba y me preguntaba: ¿¡cómo pueden ser tan humildes, tan humanos, cuando en cada esquina y hogar de Cuba están presentes!?

“Los guardias me despertaron a la una de la madrugada del jueves 27 de febrero. Después me encadenaron de manos, cintura y pies, y a las 3h30 me sacaron de la prisión de Safford (Arizona). Presuntamente estaba en libertad, pero ahí mismo, en la puerta, fui detenido por las autoridades de migración. Y me llevaron en una caravana de vehículos muy custodiado hasta la ciudad de Phoenix. Luego a Miami… El operativo duró unas 36 horas. Siempre estuve esposado, y en medio de un gran operativo de seguridad que me sorprendió.

Hasta en el avión que me trajeron a Cuba traía esposas, aunque eran de plástico, las que cortaron cuando el avión abrió la portezuela en el aeropuerto José Martí de La Habana. Sólo en este momento me sentí libre.

¿Cómo se comportaron los presos contigo? ¿Sabían quién eras?

Al comienzo era un preso más. Pero poco a poco se fue haciendo conocido el caso debido a la solidaridad internacional. La solidaridad de las organizaciones en Estados Unidos logró que en algunos canales de televisión alternativos se informara de nosotros. Además, los materiales de lectura que recibíamos los compartíamos con los otros presos. Esto fue llamando la atención, y así se fueron dando cuenta que éramos personas con un pensamiento diferente. Entonces venían para charlar de Cuba, de la Revolución.

Estuviste preso quince años, cinco meses y quince días. ¿Fue un castigo que se le dio a Fernando González?
Desde el inicio de este proceso fuimos conscientes de que estábamos pagando por ser cubanos revolucionarios. Por estar realizando una labor para el pueblo de Cuba, para la Revolución, y hasta para el pueblo de Estados Unidos, pues evitamos acciones terroristas que le hubieran podido afectar. El castigo no fue contra mí, contra nosotros: fue una necesidad de venganza por el odio que tienen contra un proceso revolucionario, contra una historia. Y así lo asumimos.

¿Cómo te sientes en Cuba?
Me siento bien libre, y no solo por haber salido de un régimen de cárcel. Tengo esa libertad que me negaron en Estados Unidos. Aquí tengo la libertad de hacer lo que quiero, incluyendo la libertad política. Es que en Estados Unidos no se es libre de pensamiento, porque ellos tienen muchos mecanismos para controlar y manipular a las conciencias de las personas.

Quedan tres antiterroristas cubanos en prisión…
Tenemos una deuda de gratitud con todos los amigos del mundo por lo que han hecho por nuestra libertad. Pero tenemos aún muchísimo por hacer, porque no nos conformamos que Ramón y Antonio cumplan su sentencia, como la cumplimos René y yo. Hacerlo significaría que Gerardo nunca regresara. Por eso los amigos de la solidaridad en el mundo deben seguir presionando para que los tres salgan y regresen lo más pronto posible

¿Sientes que la Revolución y el pueblo cubano te cumplieron?  


Me cumplieron. Nos cumplen. Pero es que nunca tuve dudas. Nosotros estábamos claros de cuál era nuestra responsabilidad, y que debíamos resistir. Estábamos conscientes de que públicamente, o no, íbamos a tener el apoyo de la Revolución, del pueblo de cuba. Y esto incluye a muchos cubanos residentes en Estados Unidos y el mundo. Un día se decidió que la defensa y apoyo a los Cinco se hiciera pública. Eso fue una decisión política. Pero aunque no hubiera sido así, nosotros sabíamos que no íbamos a estar solos.



(*) Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su último libro, traducido a seis idiomas, es "Calla y Respira", publicado en español por El Viejo Topo. Su página web: http://hcalvospina.free.fr/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 5 de abril de 2014

Gerardo, las fiestas del sábado y lo que nunca vio






 


Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud - See more at: http://www.soycuba.cu/noticia/gerardo-las-fiestas-del-sabado-y-lo-que-nunca-vio#sthash.lFoEjG46.keJ0P9fN.dpuf
Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud - See more at: http://www.soycuba.cu/noticia/gerardo-las-fiestas-del-sabado-y-lo-que-nunca-vio#sthash.lFoEjG46.keJ0P9fN.dpuf
Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud - See more at: http://www.soycuba.cu/noticia/gerardo-las-fiestas-del-sabado-y-lo-que-nunca-vio#sthash.lFoEjG46.keJ0P9fN.dpuf
Por Rouslyn Navia Jordán
@RouslynNavia

«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue "mi mundo" hasta que estuve bastante crecidito.

«Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: "¿Dónde hay fiesta el sábado?", y nos pasábamos la información: "en calle 1ra del Rosario", "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.

«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.

«Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».

¡Vaya, tu cervecita aquí!

«El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.

«El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en la vida.

«Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.

«Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. "¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un "almendrón"»



«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!

«A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna "donación" para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!

«En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.

«Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo; desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades... Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.

«Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.

«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.

«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 


Tomado de http://www.soycuba.cu/noticia/gerardo-las-fiestas-del-sabado-y-lo-que-nunca-vio#sthash.lFoEjG46.keJ0P9fN.dpuf

«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
 «Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra del Rosario”,  "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
 «Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».
¡Vaya, tu cervecita aquí!
 «El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.
 «El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en  la vida.
 «Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
 «Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”»


«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!
 «A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
 «En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.
 «Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta  de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo;  desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
 «Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 
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«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
 «Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra del Rosario”,  "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
 «Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».
¡Vaya, tu cervecita aquí!
 «El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.
 «El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en  la vida.
 «Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
 «Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”»


«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!
 «A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
 «En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.
 «Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta  de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo;  desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
 «Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 
- See more at: http://www.soycuba.cu/noticia/gerardo-las-fiestas-del-sabado-y-lo-que-nunca-vio#sthash.lFoEjG46.keJ0P9fN.dpuf
Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud
Rouslyn Navia Jordán               rouslyn@juventudrebelde.cu -A +A
«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
 «Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra del Rosario”,  "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
 «Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».
¡Vaya, tu cervecita aquí!
 «El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.
 «El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en  la vida.
 «Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
 «Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”»


«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!
 «A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
 «En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.
 «Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta  de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo;  desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
 «Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 
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Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud
Rouslyn Navia Jordán               rouslyn@juventudrebelde.cu -A +A

«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
 «Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra del Rosario”,  "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
 «Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».
¡Vaya, tu cervecita aquí!
 «El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.
 «El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en  la vida.
 «Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
 «Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”»


«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!
 «A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
 «En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.
 «Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta  de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo;  desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
 «Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 
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Simpáticos destellos del hombre mozo, del muchachón de noches enteras bailando, del inquieto aprendiz de mil oficios, del madrugador de domingos, del Héroe que, aunque lejos, encuentra a Cuba y sus amores de siempre más allá de una celda. Desde la prisión de Victorville, California, Estados Unidos, Gerardo Hernández Nordelo se comunicó con el sitio web Soy Cuba para adentrarnos, con alma testimonial, en sus años de juventud
Rouslyn Navia Jordán               rouslyn@juventudrebelde.cu -A +A

«Nací en 1965, y cuando se fueron los 70 era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
 «Recuerdo que todos los sábados había fiestas en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descargas. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra del Rosario”,  "en Penichet, en el Capri". Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música, ahí era; y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de "ponche" preparado con alcohol y frutas, pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de "cuadrar" con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir el siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un: "Gera, te llama tu papá". Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
 «Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después, de adulto, me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco, porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapeo, mecaniqueo, mezclo concreto y soy "chofer A" de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».
¡Vaya, tu cervecita aquí!
 «El cine siempre me gustaba mucho, a veces iba hasta solo. Salía de uno, y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados, o tienen otros usos.
 «El problema mío era que casi siempre estaba "pasma'o" con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en  la vida.
 «Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
 «Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!" Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok, y un pitusa porque el único que tenía, que me lo había hecho mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”»


«A los 21 años ya yo era novio de Adriana». (Foto: Granma)

¡Tremenda pena pasé ese día!
 «A los 21 años ya yo era novio de Adriana y mi suegro, que trabajaba en un "Pío-Pío", con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar a casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
 «En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa, eran mis actividades favoritas. También con compañeros de las escuelas, donde estuve organizábamos a veces fiestas y otras salidas. Las etapas de escuela al Campo las disfrutaba también y no me perdí una.
 «Pero ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás me doy cuenta  de que hay vivencias de esa etapa que en su momento no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a las manifestaciones en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo;  desfilar cada 1ro de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
 «Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas, o en la escuela probaron las drogas, o lo hicieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos fueron pandilleros, sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: o ser pandilleros, o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen, y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichosos que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes aún hoy; y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste». 
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jueves, 3 de octubre de 2013

A propósito de la visita de Vicente Feliú a Argentina por estos días

Rompiendo Muros comparte entrevista al trovador cubano VICENTE FELIÚ.
 
La entrevista fue transmitida por FM Flores 90.7, de Buenos Aires, en dos emisiones durante noviembre de 2012, debido a su extensión (45 minutos).

AUDIO: http://www.ivoox.com/entrevista-vicente-feliu-audios-mp3_rf_2411962_1.html

Transcripción en PDF (Laura Mor para Rompiendo Muros)  Desgrabado%20Rompiendo%20Muros_FELIU%20%281%29%20%281%29.pdf
 
 
 
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miércoles, 28 de agosto de 2013

Natacha Santiago: una luchadora por la libertad de los Cinco

Por Rosa C. Báez
 
En días pasados, y a tenor de una noticia que recibiéramos del centro de la Isla grande (aprovecho para reivindicar el reclamo de un pinero, de que señalemos siempre que Cuba es un archipiélago y no una isla) de un programa radial en homenaje a los Cinco, publicamos un artículo sobre los programas que sobre nuestros hermanos se realizaban en el país.

 Y cometimos el imperdonable error de olvidar uno de los programas que sobre ellos se realiza en la capital del país, programa que se trasmite desde la C.O.CO., la conocidísima y deportiva “Coco”, con la participación de la poeta, profesora universitaria y promotora cultural Natacha Santiago.

“Nuestra Natacha”, parafraseando el nombre de la conocida obra de Alejandro Casona, no le da tregua al cansancio y por ello no limitó al ámbito radial su actividad por los Cinco. Pero dejemos que sea la propia Natacha quien nos hable de su trabajo en pos de la libertad de René, Ramón, Fernando, Gerardo y Antonio:

 RCBáez: Natacha ¿Cómo y cuándo comienzas a realizar activismo en relación con las ansias de libertad para los Cinco?

 La idea del Proyecto Cultural Nuestro Espacio surge en el año 2001, con la intención de homenajear al Poeta Nacional de Cuba en vísperas de su Centenario, pero estando en cama, convaleciente de un accidente, supimos la noticia sobre la prisión e injustas condenas a los cinco; de inmediato redacté un documento y convoqué una reunión del CDR para presentar un comunicado a favor de ellos y que se elevara a los organismos correspondientes para difundirlo. Así comenzó todo mi trabajo a favor de la libertad de nuestros muchachos.

 Después de mi restablecimiento, a finales del 2002, comenzamos un grupo de amigos, poetas y trovadores, a presentarnos, con “Nuestro Espacio”, itinerando por diferentes plazas desde el Parque del Quijote, hasta el Pabellón Cuba o la UPEC, así como la Escuela Solidaridad con Panamá, el Sanatorio para enfermos del VIH, la Sala Infantil del Hospital Oncológico, la Casa Museo Hurón Azul, y en la Habana Vieja, la Casa Víctor Hugo y la Casa de África, por citar algunos. En muchos de ellos con participación de invitados extranjeros… Es decir, nuestro Proyecto cumplió este año sus 10 de creado.

 Estuvimos, en un inicio, alrededor de un año en la sede de la UNAICC [1] que resultó nuestro patrocinador. En esa época habitualmente instancias municipales de Cultura nos facilitaban transporte para acudir a algunos de los lugares más distantes, donde dejábamos constancia de nuestro arte y del mensaje acerca de los Cinco.

 Los compañeros encargados de las actividades del Parque Lenin estuvieron entre los que nos recibieron. Nunca fue sede única o principal, pero nos sentíamos en la Galería Amelia Peláez, lugar donde nos presentábamos, como en casa, porque siempre fuimos muy bien recibidos. Fue en esa sede que conociste de nuestro trabajo, que promocionaras en tus blogs. [2]

 En las Tertulias de la Galería contamos con la presencia de grandes amigos, como las poetas Lina de Feria y Madeline Pedroza, los cantautores Richard Gómez, fundador del Proyecto y David Galarraga -ambos extraordinarios intérpretes de la trova tradicional- y de los poetas Amarilis Linares, Nevalis Quintana y Ernesto Cuní, también fundadores, así como del trovador Danilo Vázquez, la vocalista Dianabel San Martín… ¡espero no olvidar a ninguno de los participantes!

 Después pasamos para “El Hueco” de 21 y G, en el Vedado, perteneciente al Instituto Internacional de Periodismo, con la intención de que fuera más público el espectáculo y el mensaje de los Cinco llegara hasta los viandantes, por supuesto más numerosos en esa zona.

 Ellos, los Cinco, siempre están presentes en mi modesta voz, tanto para explicar el caso y actualizarlo en el orden jurídico, como para leer sus poemas y bella correspondencia… Insistimos en la necesidad de divulgar esta información para que llegue primordialmente a los Estados Unidos, al noble pueblo estadounidense. Tratamos de no perder ninguna oportunidad. Aprovechamos todas las vías y métodos posibles.

 Por ello hemos compartido la información sobre los Cinco también en los festivales internacionales de Poesía, tanto donde sesionaban las Juntas de Poetas que presidíamos como Anfitriones -como la Casa Guayasamín por dos años, con la visita ilustre del Sr. Embajador de Ecuador, poeta por demás- y entre otros importantes cultivadores de la poesía, como en los Coloquios de Música y Poesía Nicolás Guillen, en los que, en nuestra condición de miembro del Grupo de Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillén y contando con el apoyo de esa Fundación, he propuesto Documentos de Solidaridad con los Cinco que han sido aprobados por los asistentes de varios países que acuden a esos importantes eventos académicos y artísticos.

 RCBáez: En días pasados hablábamos de los programas de Radio dedicados a los Cinco e involuntariamente, omitimos aquel que ha contado con tu participación, ¿qué podrás contarnos de este espacio radial? ¿Qué variaciones ha sufrido en el tiempo, continúa aún activo? 

 El programa de radio es posterior a este trabajo del que te hablo: alrededor del año 2005 me lo propuso una compañera (fundadora conmigo de las Milicias Nacionales Revolucionarias en la Escuela de Comercio de la Víbora y que después tomó más o menos mi propio camino, ahora jubilada y trabajando ¡como todas!) que ha sido guionista y directora de muchos programas, también asesora de varias emisoras, actualmente en la COCO. Lo hizo porque sabía que yo “trabajaba” en las campañas por la libertad de Los Cinco hacia un tiempo. Fui convocada para redactar los guiones y desde entonces, no he perdido el contacto de continuidad con nuestra emisora y su fabuloso colectivo.

 El programa en sus inicios se llamó “Nunca nos van a vencer”; para su salida una vez a la semana redacté múltiples guiones, con entrevistas a personalidades, familiares y amigos de Los Cinco.  Continúa en la actualidad, con otra dirección y con cambios en el nombre, que ahora es “Los Héroes Prohibidos”. Allí continúo, “al aire”, con comentarios actualizados y de interés fundamental sobre el tema. Se tocan todas las aristas posibles, no sólo las jurídicas, sino también las personales, íntimas, familiares, artísticas. Y claro, también la solidaridad. Siempre hacemos énfasis en las violaciones y arbitrariedades que ya están sufriendo por demasiado tiempo. Ellos, sus familiares, nosotros -el pueblo- y todos nuestros amigos que no son pocos a nivel planetario, como me gusta decir. Sólo algunos de esos programas han sido recogidos en archivo en la página web TeVeo. [3]. Pienso, sin elementos “estadísticos” o encuestas, que esta sección no tiene alta audiencia, ya que se trasmite con salida semanal los viernes como parte de la Revista “Impacto”, aproximadamente entre cuatro y treinta y cinco de la tarde, que es un horario en el que la población de La Habana -recordemos que es una emisora provincial- se encuentra generalmente en tránsito hacia sus hogares. Soñamos que en algún momento alcancemos un mejor horario para poder hacer más efectivo nuestro empeño.

 En la página web de la COCO también publico artículos de mi autoría, dedicados a los Cinco. Algún que otro trabajo mío o entrevistas se han radiado por Radio Ciudad de La Habana o Radio Progreso, y en algunas emisoras extranjeras, cuyos reporteros me han entrevistado, por ejemplo, de Perú, Estados Unidos y Canadá.

 RCBáez: El Proyecto estrenó hace algún tiempo nueva sede, esta vez en áreas de la Tribuna Antiimperialista; ¿En qué fechas y hora se realiza? ¿Es continuidad de lo realizado con anterioridad?

 Como te comentaba, el Proyecto generalmente ha sido itinerante: la Tertulia que se denomina “Nuestro espacio por Los Cinco” está insertada en él, pero tiene otro formato, otros objetivos y como predio habitual la Tribuna Antiimperialista: justamente está cumpliendo un año. No es algo nuevo, es una variación de lo hecho hasta hoy, para que resulte más apropiado para determinadas acciones. Por ejemplo, aquí participan niños y jóvenes estudiantes de las Escuelas de Arte del entorno, como por ejemplo, la Escuela de Danza Alejo Carpentier y la de música Manuel Saumell, además de diferentes invitados. No puedo dejar de mencionar a los estudiantes del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, el ISRI, donde estudiaron Gerardo y Fernando, que han participado en la Tribuna y en cuyo centro también nos hemos presentado.

 El encuentro lo realizamos, previa coordinación, próximo a fechas relevantes para los Cinco, por ejemplo, los años de injusto encierro, sus cumpleaños, aniversarios de sus alegatos de defensa... Hemos realizado también homenajes a diferentes figuras como fue el realizado en abril al Comandante Hugo Chávez Frías, al que asistiera el Embajador de Venezuela en Cuba, Sr. Edgardo Antonio Ramírez.

 Son presencia habitual ya algunas figuras incorporadas recientemente al proyecto como el grupo de Maikel “La otra mitad” y el Dúo Ad Libitum; continúa acompañándonos David Galarraga, fundador junto a nosotros de estas veladas. En fin, muchas personas con talento artístico, aficionados y profesionales, que se interesan por mostrar su solidaridad con Los Cinco y siempre acceden a nuestra invitación, no sólo trovadores: músicos, tríos, dramaturgos, plásticos, etc. También nos acompañan cada mes miembros del Grupo de Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillen que se suman a nuestro Proyecto Cultural: Adelaida, Ivette, Irasema y Ediel entre otros: queremos significar que contamos como miembros oficiales del proyecto, a los Poetas Tony Guerrero y Ramón Labañino: Tony conoce del Proyecto hace algunos años, es prácticamente fundador del mismo y ha escrito a diversos compañeros del Proyecto, con el compromiso de participar en él a su regreso. A Ramón le enviamos su carnet a través de su amada Elizabeth.

 Además hemos tenido el honor, la alegría y el orgullo de contar con la participación de dos Premios Nacionales de Poesía, Nancy Morejón (Presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC) y Pablo Armando Fernández y de miembros del Comité Internacional por la Libertad de Los Cinco, fundamentalmente su Coordinadora, la querida compañera Graciela Ramírez -Gra para todos- y su extraordinario grupo de trabajo que siempre nos han brindado su apoyo; además tenemos regular vínculo con otros miembros en otros países como Alicia Jrapko, Marta Speroni y Waffy Ibrahim.

 ¡Habría que mencionar a tantas personas! Como recordarás, el pasado año convocamos a la “Acción Planetaria a favor de la libertad de los Cinco: palabra e imagen” [4], convocatoria a través de la poesía y las artes plásticas en el que tuvimos una excelente participación y cuyas obras fueron entregadas al Comité Internacional. En tan humanitario empeño colaboraron también el Proyecto Comunitario Haciendo Almas; la Emisora Radio COCO; tu Lista de correos Cuba coraje, que tan importante labor realiza, presta siempre a divulgar las acciones solidarias; la Casa del Creador ICRT y el Movimiento de Poetas del Mundo entre otras instituciones, organizaciones y personalidades de Cuba y otros países. Este año esperamos que se supere, con la contribución en la difusión de todas y todos. Ojalá podamos lograr el sueño de que se edite una Antología y con su distribución y venta el Comité Internacional por la Libertad de Los Cinco pueda recaudar fondos para contribuir en algo a las campañas que se desarrollan en todo el orbe.

 Quiero hacer énfasis en que las relaciones con todos los familiares, en particular con esos niños y niñas que ya se han hecho hombres y mujeres, con las esposas, madres y hermanos de los Cinco, han sido muy cercanas: nos enaltece siempre su presencia e intentamos mostrarle todo nuestro amor cuando pueden acudir a nuestros encuentros, entre las múltiples actividades que despliegan infatigablemente. Ellos nos muestran su agradecimiento por lo poco que podemos hacer por la Causa de Los Cinco, en ocasiones llegan al detalle de estimularnos a través de correos por los que conocemos de sus andares. Y siempre les reitero que los que debemos -siempre y por siempre- dar las gracias a ellos somos nosotros, porque en definitiva el dolor más próximo e intenso es el de ellos. Eso lo tiene que entender muy bien cualquiera que sufra una ausencia…

 Sería imperdonable que no me refiriera en sentido general, a todas las bellas personas -que son muchas afortunadamente- que he conocido como parte de la actividad solidaria; foráneos -que no me gusta decir extranjeros- y cubanas y cubanos. Intensos activistas que, como tú, entregan su tiempo a esta noble causa: a todos, mi agradecimiento por su desprendimiento en la difusión de la Verdad y por sus muestras de altruismo, en muchas oportunidades en adversas condiciones, y a ti un especial, por merecido, destaque; por los Cinco -bien te conozco- y porque “Polilla” al fin, “te cuelas por todas partes”, lo que resulta muy beneficioso a la causa.

 Este septiembre efectuaremos nuestra Tertulia el martes 10, siempre es a las 4:00 pm. En esta ocasión se denomina Allende y los Cinco. En octubre estará dedicada al cumpleaños de Tony Guerrero y así continuaremos hasta que regresen. Con Tony, desde que nos “conocimos” a través de Mirta, su joven octogenaria madre, mantuve una fluida correspondencia por correo postal que lo hizo más cercano a mí… por ser el primero con el que establecí contacto y por el hecho de que estudió en el mismo Instituto de aviación donde estudió mi hijo, desaparecido físicamente muy joven: eso me lo hace muy próximo. La defensa de Los Cinco en cualquier tribuna o por cualquier vía constituye para mí un aliciente para la sobrevivencia. Es un compromiso que cumplo con un principal recurso: el Amor.

 Por los Cinco, mientras tenga energías y pienso que vendrán antes, continuaré trabajando, aunque haya que salvar escollos por culpa de vientos a que a veces no soplan a favor de los sueños. Por ellos, hombres y familias ejemplares que dignifican a nuestro Pueblo y que por él tanto se han sacrificado durante tanto tiempo ¡son demasiado ya 15 años!, nuestro aporte es, además de una obligación, sólo “un grano de maíz”.
 
Como adenda, un poema de Natacha dedicado a Los Cinco: 

 Una gran verdad

Imagino la aspereza del límite
de escasos metros en la incertidumbre del tiempo
la importancia entonces de la memoria
y de contemplar los sueños
haciendo un esfuerzo a través de arpones para endurecer.

No tiritan,
y descubro la clave:
contribuyen razones que estampan la distancia,
los promisorios años iniciales,
los libros de historia de primaria
con grabados ilustrantes en el camino.

Las plazas y todas las voces
en su perpetuidad la tuya, la mía.

Así sólo ellos, en aquel sitio de penumbras,
en la aspereza del límite de esos metros,
en la incertidumbre del tiempo,
hombres epítomes,
de certezas solares
con memoria y con sueños.

 Notas

 [1] Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba
 [2] http://elblogdelapolillacubana.wordpress.com/2008/11/18/proyecto-cultural-dedicado-a-los-5/
 http://elblogdelapolillacubana.wordpress.com/2008/12/11/tambien-la-naturaleza-saludo-a-los-cinco/
 http://losqueremoslibres.blogspot.com/2009/01/por-la-divulgacion-de-la-verdad-y-la.html
 [3] http://teveo.icrt.cu/r/?q=%22Los+H%C3%A9roes+Prohibidos%22
 [4] http://losqueremoslibres.blogspot.com/2012/08/solidaridad-poetica-planetaria-con-los.html