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sábado, 24 de agosto de 2013

“Saúl, yo sé que es solo un viaje”: Gerardo Hernández

No lo conozco personalmente, pero a través de Pablo Armando Fernández escuché anécodotas diversas de Saúl. Ví sus libros con hermosas dedicatorias para Pablo, luego supe de su apoyo a la Revolución, de sus visitas a Gera... y me dolió como una puñalada lo que dejaba translucir la carta de Gerardo: Y pensé en la querida Bernie, en Leonard Weinglass, pensé en nuestra querida Tojosita argentina, en Pablo Kilberg... cuántos se han ido sin tener la alegría de tenerlos de regreso? ¿Familiares, amigos?  ¿Cuántas penas más agregaran su espina al calvario de los Cinco?  ¿Puedes dormir, Obama, con tanto peso en tu conciencia?

 “Saúl, yo sé que es solo un viaje”: Gerardo Hernández

 Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba, envió un sentido mensaje a su amigo Saúl Landau, destacado cineasta y periodista estadounidense, quien enfrenta hoy una grave enfermedad. Saúl visitó en varias ocasiones a Gerardo junto al actor Danny Glover

Por sus méritos e historia solidaria fue condecorado el pasado 7 de agosto con la “Medalla de la Amistad”, que a propuesta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos otorga el Consejo de Estado.

No es cierto, Saúl, no lo repitas. Ya sé, otros también lo dicen, pero no es cierto. Hay dolor en la voz de Carmen cuando me responde el teléfono, pero no puede ser cierto.

Me dirás que sí, que viejos amigos te han llamado y que otros han llegado desde lejos para verte, que tu propio cuerpo te lo dice a gritos, que han comenzado ya los homenajes… No importa, yo sé que no es cierto. ¿Cómo va a ser cierto, con tanta gente que te admira y te quiere? Adriana, cada vez que hablamos, me pide que vuelva a llamarte. (Y si eso no te dice mucho, es porque no sabes que ella defiende “como gata boca arriba” cada uno de nuestros minutos de teléfono). Todo el mundo le pregunta por ti, todo el mundo, pero saben que se trata solo de un viaje, que lo otro no es cierto.

¿Un viaje a dónde? No sé bien. En eso, como en la pelota, es muy difícil ponerse de acuerdo. Es un viaje del que muchos no regresan, pero tú sí, tú eres de los privilegiados. 

Estarás aquí cada vez que Danny me visite, y en Cuba cuando nos reunamos Los Cinco. Volverás siempre que sea leído alguno de tus libros, o vistos tus documentales. ¿Cómo no vas a estar cuando alguien pregunte quién filmó esas imágenes de Fidel empujando el yipi atascado en el fango de aquel camino? ¿O tantas otras de cuando recorriste media Cuba con él, en el año 68? ¿Crees que podrás ausentarte cuando alguien vea ”Que el verdadero terrorista, por favor, se ponga de pie” y por fin comprenda el caso de Los Cinco? Ni hablar de eso, compadre. Tú estarás siempre que se vea la entrevista con Salvador Allende, quizás la única o la más importante que le realizaran en inglés, y cuando alguien descubra esas imágenes aún inéditas de Fidel conversando en su casa con Harry Belafonte.

Es solo un viaje, Saúl, lo otro no es cierto. Vendrás cuando alguien desee saber todo lo del carro-bomba que mató a Letelier y a Moffit en pleno corazón de Washington DC. Cuando se quiera entender lo de Chiapas, o lo de las maquiladoras. Cuando lean tus poemas, o tus siempre certeros artículos. Cuando mencionen tu Medalla de la Amistad, de Cuba, tu Bernardo O’Higgins, de Chile, tu Emmy, y tus otros tantos premios y condecoraciones. 

Vendrás siempre que yo cuente cómo tuve el privilegio de conocerte, de aprender contigo, de disfrutar tu sentido del humor, y cuando me pregunten a quién debo mi hermandad con Danny Glover. Estarás siempre con tu familia, con tus amigos, con tus alumnos.

Claro que no es cierto, Saúl, yo sé que es solo un viaje. Lo que no sé es si entonces podremos comunicarnos, y por eso no quiero esperar a que partas para decírtelo: Gracias por todo, mi hermano, fue un honor compartir contigo. En nombre de Los Cinco, de nuestros familiares, y de tantos cubanos buenos: ¡Gracias!

No te voy a negar que estamos tristes, pero a la vez nos alegra saber que en tu caso, cuando sea, será solo un viaje, porque tú supiste ganarte ese privilegio.

Muy pronto volveré a llamarte, pero ya sabes, no me repitas lo otro, porque no es cierto, Saúl. No es cierto que vas a morirte.

Gerardo Hernández Nordelo

(Fuente Granma, Tomado de Cubadebate)

viernes, 8 de junio de 2012

Desde la prisión

Por Saul Landau y Danny Glover

Foto Archivo
Visitamos a Gerardo Hernández por quinta vez y, como de costumbre, su ánimo parecía mayor que el nuestro, a pesar del hecho de que se encuentra en una prisión federal de máxima seguridad.

Gerardo y otros tres agentes de la Inteligencia cubana se acercan a su décimo cuarto año de encarcelamiento -cada uno en una penitenciaría federal distinta. A René González, el quinto miembro de los Cinco de Cuba, le fue concedida la libertad bajo palabra después de cumplir trece años, pero no le está permitido abandonar el sur de la Florida hasta pasados otros dos años y medio.

El uniforme que le dieron a Gerardo ese día parece mayor por lo menos en tres tallas. Pero el mono color beige que tan mal le queda no afecta la sonrisa de Gerardo ni su cálido abrazo cuando nos recibe.

Él había visto algunas emisiones recientes del programa “Situation Room” de CNN, en los cuales Wolf Blitzer entrevistó a una variedad de personalidades: la secretaria de Estado Hilary Clinton, Victoria Nuland (vocero de Prensa de la Secretaría), Alan Gross (culpable de actividades contra el régimen en Cuba), y Josefina Vidal (jefa de la dirección de EE.UU. en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba). Ellos presentaron sus opiniones acerca de la justicia o injusticia en los casos de Gross y de los Cinco.

Cuba envió a los Cinco al sur de la Florida en la década de 1990 para detener el terrorismo en Cuba, porque es ahí donde se realizaron los planes para las bombas en hoteles, bares y clubes, explicó él. En 2009 “Gross llegó a Cuba como parte de un plan de EE.UU. para promover un ‘cambio de régimen’,” aseguró Gerardo.

Gross parecía estar desesperado cuando habló con Wolf Blitzer en el “Situation Room” de CNN. Describió su confinamiento en un hospital militar: “Es como una prisión, con barrotes en las ventanas” ¿Habrá olvidado que fue condenado a 15 años de prisión?

Para Gerardo los barrotes, alambre espinoso, gruesas puertas de metal operadas electrónicamente y guardas que vigilan y periódicamente le gritan órdenes describe su vida diaria de rutina en la prisión federal de Victorville.

Gerardo se come un sándwich de pasta rosada que compramos en la máquina de la sala de visitas y calentamos en el microondas. Masticamos comida basura -toda comprada en el mismo sádico aparato que ofrece varios tipos de veneno.

Otros prisioneros, la mayoría condenados por tráfico de drogas, están sentados con esposas o acompañantes femeninos y niños, bajo la atenta mirada de tres guardas sentados en una plataforma suspendida. Los hombres uniformados ríen e intercambian rumores de prisión; nosotros hablamos del caso de Gerardo.

La jueza federal en Miami lo condenó a dos cadenas perpetuas consecutivas, además de 15 años, por conspiración para cometer asesinato y conspiración para realizar espionaje. Gerardo se convirtió en víctima de una extraña noción de la justicia en Miami, donde el fiscal de EE.UU. no presentó una pizca de evidencia que sugiriera que Gerardo Hernández sabía del plan de La Habana para derribar a dos aviones que volaron en el espacio aéreo cubano (”asesinato”); ni que tenía control sobre o desempeñara un papel en lo que sucedió el 24 de febrero de 1996, cuando dos MiG cubanos de combate dispararon cohetes contra los aviones de Hermanos al Rescate y mataran a los pilotos y copilotos -tal como Cuba había advertido al gobierno norteamericano que haría si continuaban los vuelos ilegales.

Es más, la evidencia demuestra un cuadro muy diferente de lo que Gerardo Hernández sabía en realidad. Difícilmente la Seguridad cubana fuera a informar a un agente de nivel medio de una decisión tomada por los líderes cubanos, después de haber enviado advertencias a Washington en varias oportunidades, de derribar aviones violadores del espacio aéreo.

Es más, como demuestra un nuevo libro de Stephen Kimber, “los memos en ambas direcciones entre La Habana y sus oficiales de terreno antes de que los MiG dispararan sus cohetes contra los aviones de Hermanos al Rescate dejan en claro que todo se hizo sobre la base de lo que era necesario saber -y Gerardo Hernández no necesitaba saber lo que los militares cubanos estaban considerando”. (Derribo: la verdadera historia de Hermanos al Rescate y los Cinco de Cuba. Disponible como libro electrónico.)

Gerardo, al igual que el gobierno cubano, insiste en que los aviones fueron derribados en el espacio aéreo cubano, no sobre aguas internacionales como asegura Washington. Pero la Agencia de Seguridad Nacional, que posee imágenes satelitales del fatal hecho, se ha negado a entregarlas.

Los aviones de Hermanos habían violado el espacio aéreo cubano durante más de medio año (1995-1996) antes de que los derribaran. Cuba había alertado a la Casa Blanca en varias oportunidades, y un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional había escrito a la Autoridad Federal de Aviación que retirara a los pilotos de Hermanos sus licencias de vuelo -en vano.

Los agentes cubanos de inteligencia que se infiltraron en Hermanos al Rescate informaron a La Habana que José Basulto, el jefe de Hermanos, había probado con éxito armas aire-tierra que pudiera usar contra Cuba. Para el país, Hermanos al Rescate se había convertido en una amenaza a la seguridad.

Sin embargo, los documentos de la NSA nunca llegaron al tribunal. Ni tampoco el abogado de Gerardo pudo obtenerlos para las apelaciones.

La exoneración por conspiración para el asesinato del caso de Gerardo reside en establecer un simple hecho: si el derribo ocurrió en el espacio aéreo cubano, no se cometió delito.

En cuanto a la conspiración para realizar espionaje, el gobierno se basó en la admisión por parte de Gerardo de ser un agente de la inteligencia cubana, en vez de tratar de demostrar que él intentó obtener documentos secretos del gobierno o cualquier material clasificado. La tarea de Gerardo era evitar los ataques terroristas contra Cuba por parte de exiliados cubanos en Miami, no la penetración de agencias secretas del gobierno de EE.UU.

La justicia en la República Autónoma de Miami llevó a cinco antiterroristas a prisión. Gerardo sonríe, quizás su manera de decirnos que sigue convencido que hizo lo que debía, lo que significa que se ha mantenido firme en sus convicciones. Nos preguntamos si nosotros podríamos soportar 14 años de confinamiento de máxima seguridad.

Fuente Progreso Semanal
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