jueves, 18 de septiembre de 2014

Mucho más que silencios


Los espectadores individualmente sienten durante un periodo corto de tiempo el encarcelamiento y el maltrato al que estuvieron sometidos los Cinco Héroes cubanos durante diecisiete meses. Foto: Ismael Batista
Las alambradas, el trato brutal, los uniformes anaranjados y las cadenas, son algunas nociones que más que palabras se vuelven hechos cuando cruzas la frontera en el Museo Nacional de Bellas Artes y te adentras a una ex­posición performática que, más allá de la im­presión, te provoca extrañeza, llanto o im­po­tencia.
Alexis Leyva (Kcho) creó una obra que ba­jo el título No agradezcas el silencio invita a la meditación y a vivenciar lo más fidedignamente posible el confinamiento en solitario por el que pasaron Gerardo, Ramón, Antonio, Fer­nan­do y René durante 17 meses en el Hue­co (como le denominan a la Unidad de Alber­gamiento Especial del Centro Federal de De­tención, de Miami) tiempo antes de la realización de su juicio.
En cierta ocasión Kcho hablaba de hacer sentir al espectador en cinco minutos, la incomodidad de estar en un espacio controlado, encerrado, y rodeado de rejas y candados; pa­­ra ello se valió de los testimonios pre­sen­cia­les de René y Fernando, y de dibujos de To­ny, quien junto a Gerardo y Ramón, aún continúa en cárceles norteamericanas.
Un reducido espacio de 15 pies de largo, el pi­so de cemento sin pulir, las cucarachas en la pa­red, el espejo y el sanitario de aluminio, el ban­co fundido, la litera y la mesita donde creaban con sus manos un juego de ajedrez son algunas de las imágenes que experimentamos quienes decidimos sentir durante cinco minutos, el cruel proceso que vivieron estos hombres y que dotan de mayor realismo el carácter de la obra.
Apenas podía caminar mientras los dos guardias me sacaban de la celda, me arrastraban con las manos esposadas, y con mi cuerpo y pies encadenados. Ya los tobillos me dolían, y fue en una trayectoria pequeña y en un periodo tan corto de tiempo en el que simulé vivir esa circunstancia. Entonces fue que supe (al menos con más certeza) por qué Gerardo, An­tonio, Fernando, Ramón y René, elegían que­darse muchas veces en la celda las 24 ho­ras del día, en lugar de salir de ese espacio reducido, durante la hora que le daban de “re­creación”.
“Esta sensación de soledad, las ganas de gritar aún sabiendo que nadie te escucha, los inmensos deseos de estar en tu país, con tu fa­milia, tu pueblo, y en tu patria, lo constaté en apenas cinco minutos; extendámoslo a diecisiete meses e imaginémoslo en estos cinco hombres”, expresó Norisleidy Souto Gon­zá­lez, estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas en su visita a la instalación.
Experimentas un vacío inmenso, una sensación de impotencia, no solo al no poder ha­cer nada ante lo que sucede, sino también por desconocer lo que pasa con la gente que te importa: tu familia, tus amigos, o el pueblo por el que tanto luchaste, decía Tania So­carrás Navarro al respecto.
Desde el seis de abril hasta ayer han visitado la instalación más de 14 600 personas, y vivido la simulación de la encarcelación 1 914. Mu­chos de ellos han expresado con más vehemencia su solidaridad, han reafirmado su posición hacia la causa de los Cinco Héroes, han descrito el dolor y depresión que han sentido por este pequeño periodo de tiempo, razón que los ha hecho admirar, aún más, a los antiterroristas cu­banos.
Sobre ello, Verónica Puchero refirió su dolor ante la experiencia y expresó que solo esos mi­nutos bastaron para terminar de comprometerse mucho más con la causa injusta de estos cinco héroes cubanos.
La instalación incluye, además, un salón enrejado para exposiciones transitorias y una imitación de “aula” con pupitres, donde se proyectan audiovisuales sobre el injusto proceso de los Cinco Héroes. Para acercarnos a sus realidades y para romper el silencio, se construyen ideas que, como esta, exigen el definitivo regreso de Antonio, Ramón y Gerardo.
Cinco minutos lejos de un ser querido que tanto amas puede representar cinco minutos menos de vida, escribía Ailí Labañino en el reporte de esta experiencia en la instalación.

“Esos 17 meses sin el ser querido, sin noticias suyas y sancionados con la distancia; re­presenta un año y medio de incertidumbres. Pero 16 años, más de la mitad de mi vida sin mi padre… eso sí es querer nacer múltiples veces para recuperar el tiempo perdido. Que esta ex­periencia, subrayó, sirva para levantarme con más fuerza cada día, y tener a mi papá en casa”.

 Tomado de Periódico Granma